domingo, mayo 18, 2008

CANTERBURY "SE MUDA" A BOURGOIN-JALLIEU


Entre el 22 y el 24 de mayo, en esta pequeña ciudad cercana a Lyon (Francia) tendrá lugar un evento dedicado a la escena progresiva de Canterbury, aquel movimiento musical surgido en el sur de Inglaterra hacia fines de los ´60s, en el que confluyeron, de una manera única e irrepetible, la psicodelia, el free jazz, la composición contemporánea, el surrealismo y el dadaísmo.

En el marco de la programación cultural del SMAC Les Abattoirs y bajo el título “L´école de Canterbury”, se han previsto una serie de actividades y conciertos, entre los que se destacan las actuaciones de Kew.Rhone., la banda de John Greaves y Peter Blegvad que grabara el álbum del mismo nombre en 1977, y de Canterbury Legends, una especie de seleccionado integrado por Hugh Hopper (Soft Machine), Phil Miller (Hatfield and the North) y Didier Malherbe (Gong). También habrá un tributo a Robert Wyatt, que incluirá el estreno de una obra creada especialmente para esta ocasión.

Y ya que hablamos de Wyatt, nada mejor que un anticipo: disfruten este fragmento de “Facelift”, extraido de un concierto que Soft Machine diera, precisamente, en Francia.


domingo, mayo 11, 2008

Directo EMBRYO (9/2/08, Centre Cívic La Sedeta, BCN)



Christian Burchard lleva cuarenta años con Embryo, desde los orígenes seminales del Krautrock hasta su vital presente multiétnico. A lo largo de este tiempo, han pasado por la banda más de 400 músicos de las más diversas procedencias, que se le unieron en sus incontables giras intercontinentales, logrando una convivencia -no sólo artística- en total comunión. Embryo es un proyecto marcado por la creación incesante, el nomadismo y la hospitalidad incondicional. Embryo es el diálogo intercultural hecho realidad. Tuvimos la ocasión de vivenciarlo en uno de los conciertos que ofrecieron durante su actual gira. En el marco de la programación cultural del Ayuntamiento de Barcelona, con entrada libre y gratuita, Embryo tocó en un centro cultural barrial, sin mayores artilugios técnicos y escénicos y ante una pequeña audiencia entusiasta.

Se suele considerar a la música de Embryo como un ejemplo de la “world music”, tal la etiqueta con la que hoy se divulgan y comercializan las músicas folklóricas y étnicas, así como sus variantes híbridas, resultantes de su mezcla con otros géneros y estilos. Sin embargo, no puede soslayarse que bajo este rótulo demasiado amplio han quedado homogeneizadas y relativizadas expresiones musicales genuinas, al ser parangonadas con manifestaciones ajenas, carentes de rigor y autenticidad o producidas con motivaciones extramusicales. Nada más alejado de la filosofía de Embryo, que promueve experiencias de fusión concientes que integran distintas tradiciones culturales y las enriquecen sin neutralizarlas. Embryo se desmarca completamente de aquellas expresiones reduccionistas o superficiales, de intención cuasi-turística y forma estandarizada (ej. Manu Chao o similares), que abundan cada vez más en este segmento del mercado musical.


Y si de música hablamos, los vaporosos acordes de “Other Side of the Sky” de Gong -que emanaban de los altavoces mientras el público entraba a la sala y se ubicaba en sus asientos- anticiparon esa atmósfera onírica que se respiró durante todo el concierto. Como buen pionero del Krautrock, Embryo crea músicas de trance, donde la improvisación y la complejidad rítmica juegan un papel central. Y lo hace empleando una instrumentación insólita, en la que se cuentan el fagot, el violín, el oud y el salterio. Este último, junto con la marimba y el vibráfono, son los instrumentos a cargo de Burchard y responsables de esas peculiares resonancias ingrávidas, que caracterizan esta etapa de la banda. La voz del excéntrico Mik Quantius, plena de efectos extraños y de armónicos, fue una revelación para mí; me recordó por momentos a Damo Suzuki y a Demetrio Stratos. El concierto fue un lento crescendo, literalmente: a un comienzo mayormente acústico y sedativo sobrevino, luego del intermedio, un segmento incandescente, con una batería arrolladora y un salterio (esta vez electrificado!) chirriante cual guitarra hendrixiana.