sábado, diciembre 24, 2005


10 ELEGIDOS DEL 2005


Un clásico por estos días…


Nuevas ediciones

1. MIRIODOR: “Parade + Live At NEARfest” (Cuneiform)
Un desfile. Un concierto. Un aniversario. Abajo, pueden leer mi review publicada el 21/8/05.


2. ARVO PART: “Lamentate” (ECM New Series)
Ultima obra orquestal del compositor estonio, Lamentate (2002) se caracteriza por sus abismales contrastes y su profunda reflexión sobre nuestra mortalidad. A través de atronadores bronces y toques percusivos inusuales, se expresan sus típicas melodías hieráticas y resonantes, mientras que un piano frágil y radiante se abre paso, aportando serenidad y un lirismo conmovedor. El CD incluye también la obra para solistas a cappella Da pacem Domine (2004), nada más semejante al más puro silencio.


3. THE CLAUDIA QUINTET: “Semi-Formal” (Cuneiform)
Originalísimo cruce estilístico entre el jazz, el rock progresivo y el minimalismo, comandado por el compositor y percusionista John Hollenbeck, quien define así este álbum casi conceptual: “Semi-serious music by musicians who only take themselves semi-seriously”. Inteligente, melódica, juguetona y etérea, la música de The Claudia Quintet ha renovado por completo la escena del jazz actual.


4. VAN DER GRAFF GENERATOR: “Present” (EMI)
Imprevisto y logrado regreso de VDGG, con la energía y la creatividad intactas. Desde su título, esta obra se resiste decididamente a la nostalgia, aunque me condujo directamente a gemas del pasado como Sleepwalkers (“Godbluff”, 1975) y Still Life (“Still Life”, 1976), que, junto al nuevo clásico Every Bloody Emperor, se convirtieron en parte inevitable de mi soundtrack personal del 2005.


5. WAYNE SHORTER QUARTET: “Beyond The Sound Barrier” (Verve)
Estuve en el concierto que dio esta formidable banda en el Gran Rex en octubre pasado. Me encontré con una música sin red, espontánea pero no menos controlada, cerebral pero no menos incandescente. A los 72 años, Shorter está en plena forma y resuelto a evitar la comodidad que le asegura su condición de leyenda viva de la música contemporánea. Su maestría en el saxo soprano me sigue sorprendiendo y emocionando.



Reediciones/Compilaciones

6. JOHN COLTRANE: “One Down, One Up: Live At The Half Note” (Impulse!)
El Half Note era el club preferido de Coltrane en New York, aquí testigo privilegiado de estos históricos conciertos que siguieron a “A Love Supreme”, en la antesala de su aventura free. 1965 fue un año de profundo quiebre estético. Luego de estas actuaciones, llegarían “Ascension” y “Meditations”, y ya nada sería igual. Arrollador.


7. GENTLE GIANT: “The Power And The Glory” - 35th Anniversary Edition (DRT)
Entre lo más refinado y excéntrico del progresivo de los ´70s, Gentle Giant nunca recibió la atención mediática que merecieron entonces los practicantes del subgénero sinfónico. Con más de treinta años, la música de “The Power And The Glory” se conserva fresca e inventiva. Los increíbles juegos contrapuntísticos y la densa escritura vocal distinguen especialmente el aporte estético de esta banda inclasificable e idiosincrática.


8. MASSACRE: “Killing Time” (RéR)
A comienzos de los ´80s, Fred Frith (Henry Cow, Art Bears) se estableció en los Estados Unidos y formó Massacre con Bill Laswell y Fred Maher. Con la fogosidad del punk y la libertad del jazz, “Killing Time” marcó la evolución del progresivo en aquella década y retiene hoy su potencial de novedad. Aún desafía e inquieta a los oyentes, cualidad que, a veces, cuesta encontrar en los ejemplos más recientes del género.


9. PAT METHENY/ORNETTE COLEMAN: “Song X: Twentieth Anniversary Edition” (Nonesuch)
Después de dejar ECM, Metheny iniciaría su etapa más mainstream bajo el ala de la multinacional Geffen, pero no quiso hacerlo sin esta primera y experimental grabación con Coleman, como advirtiendo a los ejecutivos de su nuevo sello que no se doblegaría fácilmente a sus dictados. “The Way Up”, que publicara junto a su Group también este año -inaugurando su pase a Nonesuch-, aunque es un buen álbum, resulta inofensivo frente a este radical registro de hace 20 años.


10. ROBERT WYATT: “Theatre Royal Drury Lane, Sunday 8th September 1974” (Hannibal)
“Rock Bottom” en vivo!!!... Todo dicho. Bueno, quizás deba también mencionar que, entre los músicos invitados, aparecen nada menos que Hugh Hopper, Mike Oldfield, Fred Frith, Dave Stewart, Nick Mason, Gary Windo, Julie Tippetts...

domingo, noviembre 06, 2005

Si quieren "escuchar" al reciente premio Nobel Harold Pinter,



pueden hacerlo a través de la adaptación de su obra teatral “Silence” por Michael Mantler, en el álbum homónimo que editara para WATT Works en 1977.
Los roles, aquí cantados, están a cargo de Robert Wyatt, uno de los cantantes fetiche de Mantler, como Bates (también en percusión), la imprescindible Carla Bley como Ellen (toda una revelación, capaz de pasar naturalmente de una impostación deudora del cabaret berlinés a un franco registro coloquial), y Kevin Coyne como Rumsey.
El trabajo de todos ellos es ejemplar e ilustra muy bien la típica escritura vocal declamatoria de Mantler. Desde el punto de vista dramático, su labor es igualmente eficaz, trasponiendo con convicción la infelicidad y la incomunicación que aquejan a los personajes, temas éstos recurrentes en el teatro de Pinter.
Por su parte, la música, estática y austera, subraya la atmósfera de alienación imperante y fluye sin aparente dirección. Las melodías raramente resuelven, creando una tensión permanente, y las partes repetitivas bullen aquí y allá. Dentro de la sobria instrumentación, se destaca la guitarra quejumbrosa de Chris Spedding, que acentúa el tenor dramático de los recitativos vocales.
La reedición en CD de 2000 (WATT Works/ECM Records) incluye otro álbum esencial de Mantler, “No Answer”, sobre fragmentos de “How It Is” de Samuel Beckett (WATT Works, 1974). Esta publicación conjunta no pudo ser más apropiada, si consideramos que se trata de obras que guardan semejanzas en el orden compositivo y se basan en textos que comparten la visión estética del absurdo (de hecho, Pinter siempre reconoció la influencia de Beckett en su obra).

viernes, octubre 14, 2005

No más zumos de naranja falsos para entretenernos

Hay tristeza y vaciedad en el ambiente. En Latinoamérica. Y en Europa. Especialmente entre los jóvenes. En los mayores, desencanto y depresión. Más: Michel Mafessoli, el profeta del fenómeno de las tribus urbanas publica, en Flammarion,
La part du diable, donde se plantea la vida y un mundo inspirados en lo maldito: salvajismo, animalidad, lo funerario y macabro. ¿Exageración francesa?. Debemos saber: sólo así podemos crear, gestionar y comunicar en cultura. Aunque me ponga los pelitos blancos de mi cabeza locos: acierta con frecuencia. Un dato, como ejemplo: un millón de televidentes sintonizaron el Channel 4 británico para ver el documental sobre arte chino que incluía fotos de un artista mordiendo a un recién nacido muerto e imágenes de otros que bebían una copa de vino en la que flotaba un pene amputado. ¿Arte?. Soy contundente: ¡barbarie!.
Tal vez la última novela de Foster Vallace que acabo de leer,
La broma infinita, sea una foto menos hiriente y más de ahora, del mundo actual. Y del de la cultura en particular, donde la industria del entretenimiento ocupa casi todo el espacio, creando adicción: todo debe ser hoy consolación, soluciones cómodas y fáciles de autoayuda estúpida, sin exigir mucho. Y pagando religiosamente. Todo espectáculo.
Cuando era pequeño –recuerdo sorbiendo el zumo de naranja artificial-, me contaban que había tres enemigos mortales del alma: el mundo, el tentador y la carne. He aprendido que pueden convertirse en amigos cómplices. Pero estoy convencido de que hay tres enemigos para la cultura actual: las franquicias o el todo es igual y desactivado para la monotonía del bostezo vital, la parquetematización o
el no piense y deje que le guiemos, querido, y la diversión del entretenimiento estúpido. Este libro les planta batalla. Ésta es la industria del entretenimiento –y no de la cultura- la que en cine, televisión, literatura o artes varias lo centra todo en los beneficios económicos. Ideas y cosas, pues, planchadas: no se esfuerce, no se enfrente con su vida, con sus interrogantes, con sus puntos negros o ambiguos, deje que la soledad esencial le carcoma, que el consumo le hará feliz. Ignórelo todo, déjese distraer brevemente. Cuélguese de nosotros: compre. Y obedezca. Nada, en este tipo de diversión cuestiona certezas rutinarias de una vida personal y común –ciudadana y mundial- dócil, de tiempos de plomo, con fundamentalismos pornográficos, con desigualdades intolerables, con descontrol nuclear, con xenofobias, con contaminación mortal, con hambre y sed sin piedad. Con escasez de conciencia crítica y acción para el avance de lo humano. Con guerras atroces para el botín del petróleo. Nada dice ni aporta por unos tiempos que desprecian la vida y sólo aman al dios de las ganancias económicas sin límites. Y la diosa de las apariencias y los engaños. Tiempos difíciles. Que nos piden, a los de la cultura, un plus de conciencia, de sentido, de propuestas y apuestas con nervio. Para estar ahí. No montando otra exposición, otro concierto, otro museo, otra obra de teatro, otro festival, otro… Ya no. Es la monotonía del arte por el arte: puro escándalo, ombliguismo narciso, delito contra la ciudadanía que anda perpleja, pasiva, buscando en la tiniebla de la desorientación y el silencio. Ávida de vida y mundo mejores. Ya. Sin más plazos. Sin más distracciones. Sin más vacío. Ciudadanos vivos que no encuentran, en la gran mayoría de organizaciones de la cultura, vitalidad de horizonte para su vida y su mundo. No encuentran relámpago, chispazo, poesía, para el cada día de sus vidas.
Nada aquí tiene magia: sentido. Todo es como el zumo de naranja: insípido. Falso. Y preocupante: puede llegar a gustarme por encima del recién exprimido. Tengo un amigo que las únicas sopas que toma son las Campbell. Pobre. ¡Y es profesor de estética!. Pero mis amigos son, siempre, algo raros: lo normal me aburre”.

(Toni Puig, “Se acabó la diversión. Ideas y gestión para la cultura que crea y sostiene ciudadanía”, Capítulo 0, págs. 14/15, Paidós, Buenos Aires, 2004)

viernes, septiembre 30, 2005

Antes de que termine el mes de nuestro primer aniversario, me apuro a agradecer...
...a todos aquellos que, con su interés, generosidad e inspiración, nos acompañaron en este año inaugural de SIETE OCTAVOS. Y un gracias especial para mi editora y "mucho más", Silvie.

domingo, agosto 21, 2005


Miriodor celebra sus 25 años con un variado y colorido desfile!!!
Esta inefable banda franco-canadiense acaba de publicar su nuevo CD Parade + Live at NEARfest (Cuneiform Records), confirmando la saludable tradición a la que Miriodor nos tiene acostumbrados: brindarnos una música multifacética, cautivante, continuamente renovada y llena de humor, sorpresa e ingenio. Desde mi primera audición hace poco más de un mes, Parade se ha convertido en una bendición serena y estimulante (les confieso que no puedo evitar escuchar esta música sin esbozar una secreta sonrisa cómplice).
Hablar de Miriodor nos remonta a los días inaugurales de la escena experimental de Montréal, a principios de la década del ´80, compartida con grupos como Les Granules y Les 4 Guitaristes de l´Apocalypso-Bar, todos pioneros de la musique actuelle, tal la denominación que identifica hoy a las expresiones vanguardistas quebequenses. Influenciada por las prácticas iconoclastas de agrupaciones enroladas en el proyecto Rock In Opposition (en especial, Univers Zéro y Samla Mammas Manna), la banda perfeccionó una muy personal síntesis estilística, donde se destacan componentes de la música de cámara, los folklores centroeuropeos y las marchas circenses. Hay en Miriodor una asimilación natural de estos elementos, que confiere a su música una riquísima intertextualidad.

El producto de esta calculada –pero no por ello menos espontánea- alquimia es una música pletórica de contrastes y tensiones, rigurosamente escrita y ejecutada con una instrumentación típica de rock, a la que, por lo general, se suman vientos y cuerdas acústicas en ajustada interacción camarística. Sobresalen los cambios frecuentes y súbitos de una precisión pasmosa -y que no afectan un ápice la fluidez!-, las melodías angulares –excéntricas, encantadoras, siempre inspiradas- y los ritmos aditivos y acentuaciones inesperadas, recursos todos orientados a la creación de una música de espíritu travieso, que no deja de pendular entre la risa ingenua y la mueca siniestra.

Parade (“desfile” es su acepción más común, en inglés y en francés) es ante todo una obra madura, tan compleja en lo formal como accesible en su expresión. Ambos aspectos, en apariencia contradictorios y que son una constante del estilo de Miriodor, son aquí manipulados con absoluta maestría para generar una música irresistible por su originalidad y afabilidad. Además, parece que el vértigo y la esquizofrenia de Jongleries élastiques (1995) y la potencia y densidad de Mekano (2001) han dado lugar a una calidez y una delicadeza sin precedentes en su música.

Parade comienza con un par de piezas cortas, “Pyramide” y “Scarabée”, muy ocurrentes y festivas. Bastan para apreciar que Miriodor ha llevado su escritura contrapuntística a un nuevo grado de sofisticación. Las melodías, sinuosas, están ensambladas por superposición de diferentes líneas instrumentales a la manera stravinskiana y, con todo, el conjunto sale airoso sin perder la coherencia ni la frescura. Percibir las densas polifonías y los ocasionales unísonos –fugaces y, a veces, tímbricamente indiscernibles- entre las distintas líneas, así como las sutiles disonancias que se originan en esas intrincadas texturas, se torna un ejercicio arduo pero por demás placentero. Sin dudas, en Parade el contrapunto es un principio constructivo central, siendo menor la incidencia de armonías acórdicas o basadas en ostinatos o continuos.

En esta obra, Miriodor utiliza un enfoque orquestal en el tratamiento de los timbres y hace prevalecer los sonidos orgánicos y, sobre todo, acústicos. No obstante, hay todavía suficiente espacio para la bizarría electrónica en la improvisada “Checkpoint Charlie” y en la lúdica “Préparatifs de vacances”, y para las furiosas descargas eléctricas en “Boîte à rebuts”. A los habituales violín y saxos, se adicionan aquí piano, fagot y acordeón a cargo, nada menos, que de Lars Hollmer (de Samla Mammas Manna), un invitado “natural” que interviene en tres temas (“Talrika”, de su autoría, y “Forêt dense” y “Bonsaï givré”, compuestos en conjunto con Miriodor).

Además de un inventivo empleo de la instrumentación que explota todo su potencial colorístico, la variedad de climas y estados de ánimo transitados es sorprendente. Encontramos en Parade desde miniaturas que no llegan al minuto o que apenas lo superan (“Caramba!”, “Tartine”) hasta piezas más extensas con distintas secciones (como “Uppsala”, “Polar” y las compuestas con Hollmer). “Polar” se cuenta entre las músicas más misteriosas que Miriodor haya creado jamás, comenzando con unas despojadas melodías, exquisitamente disonantes, y desarrollando luego un calmo crescendo hasta estallar majestuosamente en un clímax ominoso digno del cine negro (“Film Noir” es el título alternativo de este tema). Otra pieza fascinante es la minimalista “Contrées liquides”, que se inicia con unos acordes sublimes en el piano –recuerdan al Satie más meditativo- y que pronto, al ser desplazados por las melodías principales, se empiezan a extrañar de tan perfectos y sugestivos que sonaban por sí solos. También están las pinturas cuasi-impresionistas como la citada “Bonsaï givré”, los “retratos” como el caleidoscópico “Le cruciverbiste” y las infaltables “personificaciones” musicales de las ya mencionadas “Scarabée” (¿un escarabajo asustado en rauda fuga?) y “Boîte à rebuts” (¿la rebelión de los tachos de basura?).

Como si esto fuera poco, Parade viene acompañado de un bonus CD que contiene el concierto completo que Miriodor ofreciera en el festival NEARfest 2002. Es un verdadero deleite escucharlos en vivo ejecutar prolijamente los rebuscados arreglos de sus temas y recrear todo su encanto y energía. Esta grabación otorga también una oportunidad única para adentrarse en su obra pasada, ya que incluye versiones de casi la totalidad de Mekano y de dos piezas emblemáticas de Jongleries élastiques (“Igor, l´ours à moto” y “Mme X”). En fin, un complemento ideal para Parade, que hace las veces de la última carroza de este peculiar desfile, cuya aparición el público festeja entusiasmado y agradecido.

Links

-Sitio oficial de Miriodor
http://www.miriodor.com/
-Página de Miriodor en el sitio de Cuneiform Records http://www.cuneiformrecords.com/bandshtml/miriodor.html

domingo, julio 31, 2005

“Efecto Beethoven”: recomendación (y algunas reservas)

En su nuevo libro “Efecto Beethoven” (Paidós, 2004), subtitulado “Complejidad y valor en la música de tradición popular”, el crítico Diego Fisherman se explaya sobre la “música popular para ser escuchada”, según la había definido en una obra anterior, “La música del siglo XX” (Paidós, 1998).
Bajo esta categoría, donde conviven pacíficamente artistas tan diversos como John Coltrane, Caetano Veloso y Astor Piazzola, Fisherman reúne expresiones de la música usualmente conocida como “popular” (por oposición a la “clásica”) dignas de una escucha atenta y comprometida intelectual y emocionalmente, a las que identifica como aquéllas que superaron sus funcionalidades extra-musicales originarias (baile, entretenimiento, etc.) y evolucionaron hacia lenguajes más abstractos, alcanzando un alto grado de sofisticación formal y profundidad expresiva.
Se trata de un planteo no tan novedoso como bien articulado y sustentado, además de sumamente seductor para melómanos “omnívoros”, como quien escribe. Es asimismo un planteo riesgoso, en tanto llega a englobar casos como los de Sinatra y Serrat (por mencionar dos artistas incluidos en la portada del libro basada en el famoso arte de tapa de “Sergeant Pepper´s”), en mi opinión dudosamente equiparables con ejemplos como Ella Fitzgerald o Jacques Brel (ver capítulo 15 “Voces”). Con todo, el enfoque de Fisherman exhibe un conocimiento muy parejo de los distintos estilos considerados y destila pasión por su objeto de estudio, lo cual es por cierto bienvenido.
Es, en este marco conceptual, que aquél encuadra a las variantes del rock progresivo, a las que dedica nada menos que dos capítulos del libro. El mero hecho de que se brinde atención al género fuera del reducido círculo de sus adherentes y divulgadores especializados -y a través de un libro de difusión masiva y en nuestro idioma-, es de por sí todo un acontecimiento para celebrar. Más aún, al ubicarlo en el cuadro general de las expresiones valiosas de la música contemporánea, pone las cosas en su lugar: el lugar de trascendencia que normalmente se le ha retaceado.
En el capítulo 11 titulado “Roll over Beethoven”, Fisherman aborda el fenómeno de la “ampliación del universo estético del rock” (p. 94), con referencias a The Beatles, Hendrix, Led Zeppelín y King Crimson entre otros, para detenerse hacia el final en el rock sinfónico, donde incluye a Emerson, Lake & Palmer y a Yes (p. 97).
Aunque no deja de reconocer los méritos de estos últimos, ante todo enfatiza sus debilidades aplicando lo que yo llamaría “el bisturí de la música clásica”. De esta manera, la obra de estas bandas queda injustamente maltrecha, a raíz de una operación comparativa que no resiste (como no resistiría buena parte de la música considerada en este libro) pero que tampoco merece. Pienso que juzgar la música de estos grupos (y el rock progresivo en general) desde la óptica de la música de tradición académica es tan erróneo como hacerlo desde la ortodoxia rockera. Por un lado, porque no pertenece en sentido estricto a ninguno de estos ámbitos y, por otro, por cuanto tanto las motivaciones y los procedimientos de sus creadores como el resultado estético buscado exigen una plataforma de análisis que contemple de modo adecuado la experimentación estilística involucrada. Después de todo, el atractivo y el valor que ostentan en gran medida las músicas estudiadas por Fisherman reside precisamente en su relación ambigua con el universo de la llamada música clásica.
En este capítulo, encontramos también un tratamiento de la música de Yes, que se centra mayormente en el cambio de integrantes a lo largo de su carrera y en la duración de sus canciones más que en la valoración de su estructura y contenido temático y lírico. Resulta llamativo que esta clase de análisis sólo se aprecie cuando Fisherman examina una obra menor como “Mood For A Day”, el instrumental de Steve Howe, que no es verdaderamente representativa de la producción de la banda. Si bien este ejemplo es funcional a sus propósitos críticos, deja traslucir una falta de atención hacia aspectos más relevantes (y rescatables) de la obra yesiana, que ponen de manifiesto las cualidades que justifican su inclusión dentro de las expresiones abordadas por Fisherman.
En este orden de ideas, creo que vale la pena poner de resalto que Yes es uno de los grupos del género que, de manera más consistente –y exitosa diría-, exploró formas expansivas de canción, pero no a la manera de una excursión psicodélica o mediante el empleo caprichoso de interludios o solos, sino a través de una cuidadosa adaptación de modelos estructurales clásicos (sonata, sinfonía, etc.). Lo mejor de su música muestra un claro sentido de la economía formal, una utilización discreta del virtuosismo y un manejo orquestal de timbres y texturas. De este modo, Yes aplica recursos tomados de la tradición académica, pero su articulación resulta en general consistente y funciona a un nivel estructural, distando de un trasplante impostado, frívolo o meramente ornamental como el que puede observarse en cierta música de ELP o Deep Purple (Fisherman coincide en este punto -ver p. 96-).
En el capítulo 12 “En la corte progresiva”, Fisherman continúa el estudio de las expresiones del género. Aquí, su exposición crítica se cuenta entre las mejores que he leído en castellano sobre el tema. Especialmente valiosa es la parte dedicada a Gentle Giant, donde el análisis alcanza su mayor profundidad y acierto (p. 108).
Desde el título del capítulo, salta a la vista la intención de distinguir el “rock progresivo” del “rock sinfónico”, haciéndose el primero acreedor de una consideración más favorable por entenderse que sus “producciones fueron particularmente logradas” (p. 103). Para Fisherman, los “progresivos” serían Pink Floyd, Jethro Tull, Frank Zappa, King Crimson, Genesis y el mencionado Gentle Giant (en mi opinión, el “rock sinfónico” sería en rigor un subgénero, entre otros, dentro del género “rock progresivo”, por los motivos que explico en
http://www.queeselrockprog.com.ar.
Advierto ciertas inconsistencias en la distinción que efectúa Fisherman entre “progresivos” y “sinfónicos”.
Me sorprende la valoración positiva que éste despliega de la música de Jethro Tull, destacando aspectos en los que no había reparado en los casos de ELP o Yes. No veo por qué una pieza como “Bourée” tendría un valor artístico superador del simple “coqueteo con la música clásica” propio de muchas de las versiones de ELP (p. 97), ni por qué la “utilización sumamente rica del procedimiento de variación de motivos y temas recurrentes” (p. 104) sería más lograda que en las obras de Yes.
Por otra parte, dudo de que el “mote adorniano de ‘progresivos’” (p. 103) sea predicable de Pink Floyd o Genesis y que no lo sea de los “sinfónicos”. Sobre Pink Floyd, coincido con Fisherman en lo relativo a la importancia de la experimentación tímbrica en su producción, pero lo cierto es que esta banda raramente superó los confines de la psicodelia y nunca alcanzó el grado de maestría instrumental y compositiva que se observa en otros grupos del género. En cuanto a Genesis, ha sido por lo general más conservador en términos armónicos y rítmicos que Yes y ELP. Por último, demás está decir que, al igual que en la “enciclopedia del ‘rock sinfónico’” (p. 99), en la consultada por estas bandas “progresivas” tampoco estaban Pierre Boulez, György Ligeti ni Luciano Berio.
Más allá de las disidencias planteadas, la lectura de “Efecto Beethoven” me parece una instancia de reflexión necesaria para quienes les interese el rock progresivo, que puede profundizarse a través de la consulta de los libros sobre el género incluidos en la bibliografía, escritos por el musicólogo Edward Macan y el filósofo Bill Martin.

martes, junio 28, 2005

Las Orejas y La Lengua en vivo en julio
Tal vez la banda argentina más relevante de la escena progresiva, LOyLL ofrecerá un ciclo de conciertos el mes próximo. Diego Kazmierski en sintetizador, sampler y piano; Juan Bisso en violín; Nicolás Diab en bajo; Fernando de la Vega en batería y Diego Suárez en flautas y piccolo, presentarán los temas de su próximo CD “Buenos Aires”, los viernes 1, 8, 15 y 22 de julio a las 22:00 en Espacio Ecléctico, Humberto Primo 730 (entrada con consumición: $ 10).
Como anticipo, transcribo el texto de la gacetilla que LOyLL está difundiendo con motivo de este ciclo:

“…Dentro de una sala intervenida especialmente por un grupo de escenógrafos, diseñadores e iluminadores, los cinco músicos de Las Orejas harán todo lo posible por gratificar las del público, desarrollando con fino sentido del humor una música plagada de imágenes.
Lejos de la exhibición instrumental vacua y egocéntrica, Las Orejas y La Lengua entremezcla, sin límites precisos, diversos ingredientes como el punk, la música disco, el minimalismo, la música concreta, el jazz con toques folclóricos y urbanos, la improvisación, el noise o el rock progresivo en un viaje único, audaz, intenso y altamente personal. Imperdible para mentes abiertas y deseosas de experimentación.Con más 13 años de trayectoria, Las Orejas y La Lengua ha publicado sólo recientemente y a través del sello Viajero Inmóvil los discos La
Eminencia Inobjetable (2002) y Error (2003). Ambos CD's han cosechado elogiosas críticas tanto en la prensa local como en la internacional. Buenos Aires, tercer disco de LOyLL verá la luz durante la segunda mitad de 2005”.

Qué más resta por decir!. Que se interesen y traten de verlos. No hay excusas válidas: la propuesta musical de LOyLL es hoy insoslayable, tienen cuatro oportunidades para elegir y a un precio más que accesible.

lunes, mayo 30, 2005

Bob Drake 2005
Generalmente conocido por haber sido miembro fundador de Thinking Plague y participado en 5uu´s en la década pasada, BD (http://www.bdrak.com) es una figura prominente de la escena progresiva actual en su múltiple carácter de compositor, cantante, multiinstrumentista, ingeniero de sonido y productor. En estos días, está abocado a la mezcla de un CD en vivo de Hamster Theatre (grupo de Dave Willey, de Thinking Plague), y ya está grabando partes de su siguiente trabajo solista.
Este año nos trajo y aún nos traerá variadas novedades que llevan el sello de este extraordinario artista:
* ReR acaba de editar su más reciente obra solista "The Shunned Country", y una reedición en CD, remasterizada por BD, del clásico álbum de Slapp Happy "Acnalbasac Noom".
* "Parade", último trabajo de Miriodor para Cuneiform Records, es un doble CD que contiene la grabación de su concierto en el NearFest 2002, mezclada y masterizada por BD.
* "Songs for Adults", obra a cargo de nada menos que Dave Kerman (5uu´s), James Grigsby y Jerry Wheeler (Motor Totemist Guild) y -precisamente- BD, será editado en breve por ReR USA.
* Pronto se publicará además el último CD de Hail, banda de la ex-Thinking Plague Suzanne Lewis y BD.
* Entre los lanzamientos de Ad Hoc Records, nueva etiqueta administrada por ReR USA, se encuentra la edición en CD de "Venus Handcuffs", registrado por la banda homónima de Suzanne Lewis y BD antes de formar Hail.
* El año pasado BD grabó una canción para un proyecto que reúne a Hugh Hopper y músicos de Thinking Plague, cuya publicación se espera para los próximos meses.

lunes, mayo 02, 2005

ReR en problemas

En el update de novedades del mes de marzo que ofrece ReR (http://www.rermegacorp.com), emblemático sello discográfico de músicas progresivas y experimentales, leí con tristeza este texto de su fundador, Chris Cutler (http://www.ccutler.com), que transcribo a continuación:

“CAN YOU HELP?

Now and then times get hard for this kind of music and for our kind of unbusinesses. We are at present going through one of the worst periods I can recall. Sales are at an all time low. In fact they´re at a level that is hardly sustainable. It would be good to know what you think we could be doing better or differently. If you no longer buy from us, or buy much less, is it because the new titles are less to your taste, because money is tighter, because you can buy cheaper elsewhere or download for free? Or are there other considerations? If you have any ideas or suggestions, please write. Thanks.”

Quienes estamos de alguna u otra manera comprometidos con estas expresiones musicales, sabemos que nos movemos en un ámbito donde el público es, por definición, escaso y la potencialidad de ampliación del mercado es muy reducida. Sabemos también que, contra estas severas limitaciones, no nos queda más que nuestro fervor para afrontar la ardua labor de suscitar interés por estas músicas y contribuir así al sostén de emprendimientos independientes como ReR.
Por eso, no podemos ser indiferentes a este pedido de ayuda de Cutler, cuyo ejemplar trabajo como baterista, compositor y teórico, ha sido un factor determinante tanto del origen como de la difusión posterior de las corrientes progresivas dentro del rock desde fines de los ´60s. No es ocioso recordar que Cutler es sinónimo de Canterbury, Rock In Opposition, Henry Cow, Art Bears, etc.. Además, el nivel de calidad artística de los músicos y agrupaciones del sello es irreprochable. Su excelencia y su compromiso inclaudicable con la innovación aseguran una evolución brillante para el género.
Apelo entonces a la solidaridad de todos. Creo que cada uno desde su posición y en la medida de sus posibilidades, puede brindar su apoyo a la continuidad de estos proyectos empresarios marginales:
Ø Los interesados (“consumidores”), en primer lugar, tomando conciencia de que son los sellos independientes los que viabilizan en forma excluyente la producción y la comercialización del rock progresivo y, en segundo lugar, esforzándose por conocer y comprender propuestas estilísticas que, como las que se reúnen en torno a ReR, difieren de las más predecibles del género.
Ø Los distribuidores y comercializadores, recordando que el riesgo artístico exige también un mayor riesgo comercial y poniendo al alcance del público la más amplia variedad de bandas, subgéneros y estilos.
Ø Los periodistas, críticos y divulgadores en general, siendo menos complacientes con los gustos de su público y promoviendo músicas poco difundidas y más exigentes.

lunes, abril 11, 2005

Theodor W. Adorno dixit 1949 (Utilidad y actualidad de sus reflexiones sobre la reacción contra la vanguardia musical de principios del siglo XX)

"…Mientras que en la nueva música al público ajeno a la producción la superficie le suena extraña, sus fenómenos más típicos están precisamente expuestos a los presupuestos sociales y antropológicos que son los propios de los oyentes. Las disonancias que espantan a éstos hablan de su propia situación: únicamente por eso les son insoportables. A la inversa, el contenido de lo harto familiar es tan remoto a lo que hoy día pende sobre los hombres, que la propia experiencia de éstos apenas comunica ya con aquella de la que da testimonio la música tradicional. Cuando creen entender, meramente perciben el molde muerto de lo que custodian como posesión indiscutible y es algo ya perdido desde el momento en que se convierte en posesión: algo neutralizado, privado de su propia sustancia crítica, un espectáculo indiferente. De hecho, en la comprensión que el público tiene de la música tradicional sólo entra lo más grosero, ocurrencias que pueden retener: pasajes, ambientes y asociaciones ominosamente hermosos. Para el oyente educado por la radio, la coherencia musical en que se basa el sentido resulta tan oculta en cualquiera de las sonatas tempranas de Beethoven como en un cuarteto de Schönberg, el cual al menos le advierte de que su cielo no pende lleno de violines en cuyo dulce sonido él se embelesa. Por supuesto, de ningún modo se está diciendo que una obra sólo cabe entenderla espontáneamente en su propia época, que fuera de ella queda necesariamente a merced de la depravación y el historismo. Pero la tendencia social general, que ha eliminado de la conciencia y del inconsciente del hombre aquella humanidad que una vez constituyó el fundamento del patrimonio musical hoy corriente, hace que la idea de humanidad se repita gratuitamente en el ceremonial vacío del concierto, mientras que la herencia filosófica de la gran música únicamente ha recaído en lo que desdeña esa herencia. La industria musical, que envilece el patrimonio al exaltarlo y galvanizarlo como algo sagrado, confirma meramente el estado de conciencia de los oyentes en sí, para los que la armonía abnegadamente alcanzada en el clasicismo vienés y la desatada nostalgia del romanticismo se han convertido en algo así como objetos de decoración doméstica listos para ser consumidos uno junto al otro. En verdad, una escucha adecuada de las mismas piezas de Beethoven cuyos temas va silbando uno en el metro requiere un esfuerzo mucho mayor que el de la música avanzada: quitar el barniz de falsa exhibición y los modos reaccionarios adheridos. Pero como la industria cultural ha educado a sus víctimas en la evitación de todo esfuerzo durante el tiempo libre que se les concede para el consumo espiritual, ellas se aferran tanto más tenazmente a la apariencia que obstruye la esencia. La interpretación que prevalece, pulida hasta lo deslumbrante incluso en la música de cámara, favorece esto. No se trata meramente de que los oídos de la población están inundados de música ligera que la otra les llega como lo opuesto coagulado, como la "clásica"; no es meramente que la capacidad perceptiva está tan obturada por los onmipresentes éxitos del momento que la concentración de una escucha responsable se hace imposible y está inundada de vestigios de la memez, sino que la sacrosanta música tradicional misma se ha convertido, por el carácter de su ejecución y por la vida de los oyentes, en idéntica a la producción comercial en masa, y ésto no deja de contaminar su sustancia…".
"Casi se podría tener a los oyentes cultos como a los peores, aquellos que ante Schönberg se apresuran a decir "Eso no lo entiendo", una declaración cuya modestia racionaliza la ira como pericia. Entre los reproches que obstinadamente repiten, el más difundido es el de intelectualismo: la nueva música surge en la cabeza, no en el corazón o en el oído; en absoluto se la imagina sensiblemente, sino que se la calcula sobre el papel. Lo mezquino de estas frases es evidente. Se argumenta como si el idioma tonal de los últimos trescientos cincuenta años fuera naturaleza y como si atentase contra ésta quien va más allá de lo desgastado por el roce, cuando el mismo estar desgastado por el roce atestigua precisamente una presión social (...) Pero los nuevos medios de la música son producto del movimiento inmanente de la antigua, de la cual se distingue al mismo tiempo por un salto cualitativo. Así, que las piezas significativas de la nueva música serían más cerebrales, que se imaginarían menos sensiblemente que las tradicionales, es una mera proyección de la falta de comprensión (...). Además, la mayor parte de las veces lo que el antiintelectualismo musical, el complemento de la razón comercial, llama sentimiento no hace sino abandonarse sin resistencia alcurso de los acontecimientos corrientes: es absurdo que el universalmente adorado Chaikovski, que incluso la desesperación la retrata con melodías pegadizas, tocante a sentimiento sea en éstas superior al sismógrafo de la Erwartung de Schönberg...".
(Fragmentos de “Filosofía de la nueva música”, Introducción, págs. 18/20, Ediciones Akal S.A., Madrid, 2003)

sábado, marzo 12, 2005

Magma en imágenes

En el Magma Web Press Book, pueden verse fragmentos de actuaciones recientes e imágenes de archivo (
http://ddesassis.free.fr/magma/textes/2005/mots_1.htm) de esta legendaria banda progresiva liderada por el baterista y compositor Christian Vander. En la década de los ´70s, Magma creó una música intensa y catártica, basada en una mitología e idioma propios. Su última obra "K.A" (2004) continúa aquel fantástico legado. Estas imágenes resultan una breve aunque ilustrativa introducción a su estilo.

martes, febrero 08, 2005

A propósito del concierto de John Greaves en el Théâtre de l´Œuvre de París el pasado 4 de octubre


Después de un día “ordinario” de vacaciones en la capital francesa, con un sosegado aunque creciente entusiasmo y al cabo de un par de combinaciones en el métro, llegamos al barrio de la Gare St. Lazare, que fuera inmortalizada por Monet en aquel famoso cuadro con la imagen de una locomotora, completamente desmaterializada por efecto de los vapores de su chimenea (“Todo lo sólido se desvanece en el aire”, como lo describió Marshall Berman en el título de su obra más difundida).
A pocas cuadras de la estación, sobre la rue de Clichy se encuentra el Théâtre de l´Œuvre, enclavado en una zona sin perfil turístico aparente y a mitad de camino entre los Grands Boulevards y Montmartre. Esta histórica sala, a la que se accede a través de una típica arcada que conduce a una especie de calle sin salida sobre la cual se erige el teatro, fue fundada en 1893 por el actor y productor teatral Aurélien Lugné-Poë para la representación de las obras de teatro simbolistas, entonces opuestas a la escena realista dominante y tributarias de la poesía de Mallarmé y Rimbaud. Un hito insoslayable de la riquísima historia del Théâtre de l´Œuvre fue el estreno por su compañía de nada menos que “Ubu Roi” de Alfred Jarry, a la sazón secretario de Lugné-Poë. Aquella noche del 10 de diciembre de 1896 la representación de esta farsa sobre la brutalidad del autoritarismo escandalizó a París y sembró el germen que alumbraría poco después los más importantes movimientos vanguardistas del siglo XX, desde el dadaísmo y el surrealismo hasta el teatro del absurdo y el “Colegio de Patafísica”.
La Gare St. Lazare y Monet, el Théâtre de l´Œuvre y Jarry... qué contexto tan singular y cautivante!, nada ajeno por otra parte a la música de John Greaves, también singular e influenciada singularmente por la tradición estética de la modernidad francesa. La asociación libre de todas estas ideas acompañó mis pasos hasta el teatro. Al ver en la puerta el afiche con la foto de Greaves, sentí que estaba por experimentar algo casi único por estos días: un concierto en el célebre Théâtre de l´Œuvre del ex bajista y compositor de Henry Cow y National Health, de una de las mitades creativas del dúo que aquél formara con Peter Blegvad (¿los Lennon y McCartney de la canción avant garde?), del socio ocasional de Robert Wyatt, Michael Mantler y otros músicos tan inquietos e inclasificables como él.
En Greaves, la conexión con Francia y sus expresiones culturales avanzadas se remonta a fines de los ´60s cuando fundara Henry Cow en plena ebullición de la escena de Canterbury, a la cual la agrupación adscribió estilísticamente en sus inicios. Aunque originada en Inglaterra, Canterbury reunió a músicos de ambas márgenes del Canal de la Mancha y siempre se la recordará no sólo por producir parte de la música más interesante y original de la época sino por su sentido del humor exquisito, mayormente absurdo y con claras influencias dadaístas y patafísicas.
Mientras se repartía entre las experiencias focalizadas primordialmente en lo instrumental de Henry Cow y National Health (otra banda canterburyana fundamental), Greaves comenzó a volcarse hacia la composición de canciones y el canto. Esta faceta fructificó a través de su trabajo con Peter Blegvad, primero en el tema “Bad Alchemy” -incluido en el álbum “Desperate Straights” (1975) de Slapp Happy/Henry Cow- y, luego, con esa brillante conjunción de música, textos e imágenes sin precedentes que fue “Kew. Rhone.” (1977).
Creo que con “Kew. Rhone.”, Greaves/Blegvad terminaron de definir algo así como un nuevo subgénero. El experimento de “Desperate Straights” y su secuela “In Praise of Learning” (también de 1975) habían sido decisivos en este sentido, no obstante que aquél venía ya delineándose, por un lado, en los álbumes de Robert Wyatt desde “Rock Bottom” (1974) y, por otro, de Carla Bley (“Tropic Appetites” de 1973) y Michael Mantler (“No Answer” de 1973 y “The Happless Child and Other Inscrutable Stories” de 1976, con Wyatt), estos dos últimos participantes en “Kew. Rhone.”.
A partir de allí, se originó una verdadera corriente estilística que se enriqueció con la obra de ex miembros de Henry Cow en bandas como Art Bears, News from Babel y, más recientemente, Science Group, y con los desarrollos de lo que podríamos denominar la “Escuela de Denver”, formada por Thinking Plague, 5uu´s, Motor Totemist Guild y U Totem, sin olvidar los trabajos siguientes de Greaves/Blegvad, Wyatt y Mantler.
Este subgénero, tal como quedara configurado originariamente, puede considerarse un punto de encuentro entre la tradición iniciada por el “Pierrot Lunaire” de Schoenberg y “Les Noces” de Stravinsky, el rock progresivo y el free jazz, pasando por la entartete musik (“música degenerada”, aquélla que fuera censurada por el Tercer Reich) de Weill, Krenek y Wolpe. Con un acento equivalente en lo instrumental y lo vocal, la música resultante es extremadamente ecléctica y afecta al cromatismo, la atonalidad y la libertad rítmica y tímbrica. En particular, las líneas vocales favorecen la declamación y el uso no convencional de la voz a través de unísonos o contrapuntos con las líneas instrumentales, registros extremos y saltos interválicos amplios o repentinos y de la emisión de sonidos de altura indeterminada. Por lo general la lírica, que suele apartarse de la forma estrófica, se beneficia con un tratamiento literario muy cuidado y un inteligente empleo de los más variados recursos semánticos, morfológicos y expresivos, al servicio de acrobacias lingüísticas, temáticas surrealistas o filosóficas y de un tono entre serio y excéntrico. No dudaría en calificar este novedoso abordaje como una modernísima evolución de la canción de cámara.
Volviendo a París, el concierto de Greaves era la oportunidad para presentar “Chansons...”, su nueva colección de canciones en francés, y celebrar las dos décadas de su permanencia en Francia, la que coincidió con el viraje de su carrera hacia fines de los ´70s. La formación instrumental -piano, acordeón, cello y trompeta- fue prácticamente la misma que la del CD, salvo por la ausencia del gran clarinetista y saxofonista Louis Sclavis. A lo que hay que adicionar la sugestiva voz de Elise Caron, una cantante cuyo personal y cultivado estilo recuerda por momentos a Elizabeth Fraser (Cocteau Twins) y, por otros, a Ute Lemper.
La primera parte del recital se centró en la performance de Greaves en voz y piano, con logrados dúos con el cellista Vincent Courtois y la eventual intervención de David Venitucci en acordeón, dueño de una extraordinaria técnica para crear múltiples sonoridades. En esta porción, versionó clásicos como “The Green Fuse”, “Silence”, “The Price You Pay” y, por supuesto, el muy festejado “Kew. Rhone.”, con sus increíbles anagramas y palíndromos.
Más tarde, se integró Elise Caron para interpretar obras del reciente “Chansons...”. Musicalmente, las canciones dan una definitiva vuelta de tuerca a la tradición de la chanson française, que se enriquece con el peculiar estilo de Greaves tamizado por el sensual universo armónico y tímbrico de Debussy y Satie. No parece casual encontrar impresa aquí la huella de estos compositores, cuya música se modelara especialmente por las inflexiones del idioma y la poesía francesas. La escritura melódica, simple y depurada, está sostenida por armonías en ocasiones tonalmente ambiguas y texturas límpidas que destacan los delicados timbres de la instrumentación elegida. Hay momentos en los que se generan esos climas lánguidos y evanescentes tan característicos de la música impresionista (…recuerden su versión pictórica en la vaporosa locomotora de Monet). No faltaron, por supuesto, toques de jazz, música de cabaret y, diría, hasta de tango, sobre todo a partir del sonido muy cercano al bandoneón obtenido por Venitucci y de cierta métrica irregular que me remitieron a Piazzola.
La atmósfera relajada del concierto se transmitió a ese raro momento en que uno se reencuentra con la realidad al dejar la sala. La sensación era tan plácida que nos quedamos caminando un rato por ese callejón encantador y observamos las ventanas iluminadas de los señoriales edificios vecinos al teatro, tratando de adivinar quienes serían y cómo vivirían sus moradores. Al retornar hacia la arcada de entrada, vimos que Greaves estaba en el hall del teatro conversando con un grupo de gente. Nos acercamos. Advertimos que no era inalcanzable. Nos acercamos más. Y finalmente lo saludamos. Intercambiamos un par de palabras intrascendentes sobre el recital y mi procedencia. Todo transcurrió en un eterno y mágico minuto. Me dio no se qué pedirle un autógrafo...


domingo, enero 30, 2005

Circular en Experimenta 2005

“Circular propone una suspensión del tiempo sonoro, posibilitando una inmersión en el color del sonido. Un sonido evocador que, con el transcurrir del tiempo, transporta a la supresión del mismo. Belleza y recogimiento, contrastes sutiles y cierto sentido de abstracción meditativa… dejar rodar las piedras del río sonoro a medida que la corriente ejerce su influencia natural”. Así definen su música Daniel Varela y José Marchi, los ideólogos de este proyecto de exploración sonora orientado a la creación de piezas de cualidad “resonante e introspectiva”, tal como ellos las describen.
Circular se presentó el pasado 14 de enero en el marco de la actual edición del ciclo Experimenta, que se está desarrollando en el CELCIT hasta el 25 de febrero. Fue una experiencia musical nada habitual en nuestro medio, no sólo por la novedad de una propuesta tributaria de corrientes estilísticas poco representadas y aún desconocidas, sino también por el auténtico compromiso artístico y emocional que transmiten sus creadores.
Con la inédita instrumentación de guitarra eléctrica, gaitas y grabaciones, Circular genera una música estática a partir de drones (sonidos sostenidos) que se van desplegando y superponiendo gradualmente hasta conformar un seductor e hipnótico continuo en el cual quedamos involuntariamente sumergidos. Llega un momento en el que no distinguimos si el sonido nos rodea o fluye desde nuestro interior. Perdemos la noción del tiempo pero, en su lugar, sentimos un espacio, aunque ya no es exactamente el recinto en el que nos encontramos. Es una dimensión nueva, una dimensión puramente sonora que nos alberga.
La espesura inmaterial que así se origina, en apariencia inmóvil por su desplazamiento lento y virtual ausencia de dirección, es sometida a tenues variaciones de tensión e intensidad que le otorgan un aspecto levemente cambiante a medida que transcurre. Esta “circularidad” sólo se interrumpe en una sorpresiva y crispada sección intermedia.
En este sentido, para Circular el timbre y la duración son los valores constructivos fundamentales. Los principios de jerarquización funcional de los sonidos y de narratividad o desarrollo temático ya no rigen las relaciones tonales en su obra, cuya forma se estructura primordialmente en torno al color del sonido y a la extensión temporal tanto de las notas empleadas como de la pieza en su conjunto. Se favorece, de esa manera, una percepción de las tonalidades y las texturas en términos casi visuales, dejando que se expresen las densidades y los armónicos, elementos que por lo general pasan inadvertidos en músicas donde los eventos sonoros se suceden con mayor rapidez y frecuencia.
Podríamos situar la propuesta de Circular en el marco de la variada escena “postminimalista”, junto a la producción de Phill Niblock y Richard Lainhart, entre otros. Su obra se nutre de diversas influencias -que van desde la música antigua europea hasta las ideas de John Cage y el minimalismo clásico de LaMonte Young y Terry Riley- articuladas de un modo personal y innovador.
Para quienes estén interesados, Circular ofrecerá una nueva presentación en Experimenta 2005 el viernes 4 de febrero a las 21:00 en el CELCIT (Bolívar 825, Ciudad de Buenos Aires). La siguiente ocasión para escucharlos será el próximo 18 de marzo a las 19:00 en el Auditorio de la Capilla del Centro Cultural Recoleta, en el marco de la exposición “Música Blanca” con pinturas de José Marchi y ambientación sonora de Circular, que tendrá lugar entre el 10 de marzo y el 10 de abril.

lunes, enero 17, 2005


10 elegidos del 2004

Aunque sea un lugar común por estos días y quizás no tenga más que un valor recreativo, no lo pude resistir...

Nuevas ediciones
1. Absolute Zero: "Crashing Icons" (ReR)
2. Bjork: "Medúlla" (Polydor)
3. Alice Coltrane: "Translinear Light" (impulse!)
4. John Greaves/Elise Caron: "Chansons..." (Le Chant du Monde)
5. Thinking Plague: "Upon Both Your Houses" (NEARFest)

Reediciones/compilaciones
6. Art Bears: "The Art Box" (ReR)
7. Brian Eno: "Discreet Music" (Virgin)
8. John Greaves/Peter Blegvad/Lisa Herman: "Kew. Rhone." (Le Chant du Monde)
9. Slapp Happy/Henry Cow: "Desperate Straights" (ReR)
10. Caetano Veloso: "Antologia 67/03" (Universal)