martes, febrero 10, 2009

BÉLA BARTÓK: sobre los ritmos irregulares en la música de tradición académica



“La antigua música culta europea no ha conocido otros tipos de compás que los de dos o tres tiempos, vale decir -en valores modernos-, los compases de 2/4 y 3/4, sus duplicaciones y sus subdivisiones en octavos. Personalmente no lo recuerdo, pero puede suceder que esporádicamente y de vez en cuando aflorara también algún otro tipo de compás: pero en la notación de los ritmos no figuran más que las dos especies mencionadas. Por cuanto sé, el primer ejemplo de compás de 5/4 se encuentra en Chopin, en una de sus obras juveniles: precisamente, en el tiempo lento de su Sonata para piano núm 1. En este tipo de compás, absolutamente insólito para la época, quizás pueda verse una influencia de la música popular polaca. Otro ejemplo célebre es uno de los tiempos de la Sinfonía Patética de Chaikovski. Wagner, aquí y allá se ha servido de compases en 5; por ejemplo, en el tercer acto de Tristán. Y debemos destacar que, en este caso, el compás de 5/4 se forma verdaderamente a partir de un tema de compás simétrico: el ritmo de una mitad del compás se ha contraído para aumentar la emoción. Estos compases en 5 todavía son, relativamente, de andar lento y no resulta difícil comprenderlos o ejecutarlos: las unidades del compás son casi simpre cuartos cómodos.

El comienzo del siglo XX constituye el momento del descubrimiento de la música popular europeo-oriental. En esta música recurren abundantemente a melodías en compases asimétricos, tanto en el material húngaro como en el eslovaco o rumano [...].

Los compositores sensibles a la influencia popular, como Stravinsky o los húngaros, se valieron siempre con
mayor frecuencia de compases de ritmos semejantes, con no poca consternación de parte de los instrumentistas de las orquestas. Ya en Petrushka, pero todavía más en La consagración de la primavera, Stravinsky recurre a compases asimétricamente construidos de octavos más bien cortos, alternando muchas veces los tipos de compás con compases simétricos y asimétricos. Aquí, entonces, la unidad del compás ya no es el cuarto, sino un octavo, y bastante veloz: en el espacio de un minuto entran de 200 a 250 de ellos. Los tipos de compás más conocidos son: el de 5/8, articulado normalmente en 3 + 2, pero, no tan a menudo, aun en 2 + 3. Y también el de 7/8, que normalmente se articula en 4 + 3. Pero pueden encontrarse asimismo compases de 8/8 y de 9/8, con una articulación más bien insólita: el compás de 8/8 articulado en 3 + 2 + 3, de lo que naturalmente resulta un ritmo bien diferente del derivado del compás con articulación 4 + 4, que le es equivalente en el tiempo. Así, también el de 9/8 articulado en 4 + 2 + 3 difiere por completo del compás de 9/8 dividido en 3 X 3.

Los instrumentistas de
las orquestas se mostraban hasta poco tiempo atrás muy trabados ante tales ritmos: es extraordinario. Estaban tan habituados a los ritmos simétricos propios de un organillo que no lograban comprender dichos ritmos, para ellos insólitos, y sin embargo tan naturales [...] Quiero significar con ello que no los han inventado los compositores después de haberse atormentado esforzadamente el cerebro, sino que los produjo la música de los campos, por un proceso de formación absolutamente espontáneo. Entonces, justamente estas especies de ritmos causaron graven dificultades al músico culto, y no al campesino, por cierto...”.

(Fragmento extraído de "El denominado ritmo búlgaro", publicado por Bartók en la revista "Énekszó" en 1938 -traducción castellana en Bartók, Béla, "Escritos sobre música popular", Siglo
XXI, México, 1987-)