lunes, agosto 28, 2006

PIP PYLE (1950-2006)

Ocurrió esta mañana en París, cuando retornaba a la ciudad luego de una actuación con Hatfield and the North.
Fue baterista y compositor de bandas fundamentales del Canterbury como Gong, Hatfield y National Health, entre muchas otras. Un músico completo, de maestría y sensibilidad extraordinarias y con una carrera ejemplar por su calidad inalterable. Estaba plenamente activo; sus proyectos más recientes fueron los grupos Bash y Absolute Zero.
Estoy muy triste. Traten de escuchar algo de su música en su homenaje.

sábado, agosto 26, 2006


ROUGE CIEL: MI ÚLTIMO DESCUBRIMIENTO




Lo que primero me atrajo de Rouge Ciel fue la sonoridad y la sugestión que su nombre evoca (en castellano, “rojo cielo”); luego, su refrescante música. Estoy fascinado con esta banda joven de Montréal que descubrí recientemente, alistada en la nueva camada de grupos de la musique actuelle quebequense y fiel adherente a la escena vanguardista nucleada en torno al sello Ambiances Magnétiques. Aunque sólo he escuchado su segundo CD, “Veuillez procéder” (2005) –el primero fue “Rouge Ciel” (2001)-, no puedo con mi entusiasmo por escribir estas primeras impresiones.

Hay algo de la sonoridad de su nombre en la música de Rouge Ciel. La oscuridad gutural de “rouge” y la diafanidad liberadora de “ciel”, si bien marcan sólo dos de las múltiples facetas de su estética, simbolizan muy bien las extremadamente diversas aristas que presenta su propuesta musical: el rock más crudo, la calidez de las músicas folclóricas, las asperezas y los filos de la música de cámara contemporánea, la fluidez del jazz, el contrapunto barroco, etc..

Insisto en la sonoridad. No es que el interés de “Veuillez procéder” decaiga en los aspectos melódicos o rítmicos, sino que, especialmente, salta a la vista –o a la escucha, en rigor- la búsqueda tímbrica y textural, que observo como el elemento más característico de esta obra, al que todo lo demás parecería subordinarse. No es de extrañar, en este sentido, que los temas estén jalonados aquí y allá por cuatro miniaturas improvisadas, tituladas “Bond précisionnel 1/4”, instantes de inmaculada experimentación con timbres y alturas que, a modo de recordatorio de ese componente distintivo, van apareciendo a lo largo del álbum. El par de piezas “Bois dur” (“Madera dura”) y “Bois mou” (“Madera blanda”) es, asimismo, testimonio de seductoras variaciones de contrastes e intensidades.

Y hablando de timbres, los hay y en cantidad: violines acústico, eléctrico, de cinco cuerdas y preparado; bandejas e implementos electrónicos varios; mandolina bajo; pianos acústico y preparado; teclados; guitarras acústica y eléctrica; trompeta y flugelhorn; batería y percusión. El sonido que los cuatros músicos extraen de este inusual ensamble sorprende por su “frontalidad”, su inmediatez expresiva. Logran, así, pura resonancia: cristalina, precisa, contundente.

Las referencias estilísticas en “Veuillez procéder” son incontables, se manifiestan fugazmente en cuestión de segundos, se pasan la posta unas a otras, se superponen, se fertilizan entre sí (fanfarria, en “Bois dur”; minimalismo, en “L´Occupation”; samba, en “Pour Hortense”; jazz modal y free jazz, en “Névréalité postparapsychophysiologique”, por nombrar sólo algunos de los estilos reconocibles).

Los músicos de Rouge Ciel son muy ilustrados: me refiero a que compendian un vasto conocimiento de la historia de la música y de las tradiciones de todas las épocas, y manejan este acervo escrupulosa y creativamente. La integración que obtienen es tan compacta que es difícil identificar parámetros estético-históricos en esta música; tiene una cualidad intemporal, diría. Dueños de una destreza instrumental también ilustrada, son igualmente eficaces tanto para los vehementes arrebatos rockeros (“Nostradamus l´avait prédit”, “Teuteuta”), como para los momentos más introspectivos (“Bois mou”, “Flocons de son”).

Hasta aquí llego, por ahora. Espero conseguir dentro de poco el primer CD de la banda, y su escucha quizás arroje nueva luz sobre su música. Prometo más sobre Rouge Ciel.

viernes, agosto 25, 2006


Especial Yes 3

ADORNO Y MARCUSE AYUDAN A DESMITIFICAR CIERTOS PREJUICIOS SOBRE YES

Desde sus inicios, el fenómeno del rock progresivo fue objeto de abundante análisis y crítica en los círculos periodísticos, pero no fue sino recién en la década del ´90, que el tema llamó la atención de los académicos. Así, en los últimos años se publicaron varios libros escritos por expertos de distintas disciplinas, lo que elevó notoriamente el nivel del debate sobre el género, gracias a la perspectiva desapasionada y erudita que aportan estos nuevos abordajes.

En lo que se refiere a Yes, se han editado libros dedicados en su totalidad a la banda, como:
-MARTIN, Bill, “Music of Yes. Structure and Vision in Progressive Rock”, Open Court, Chicago, 1997.
-MOSBO, Thomas J., “Yes - But What Does It Mean?. Exploring the Music of Yes”, Wyndstar, Milton, 1994.

La obra de Yes también fue examinada en capítulos específicos de libros sobre el progresivo en general. Tal el caso de:
-COVACH, John, “Progressive Rock, ‘Close to the Edge’ and Boundaries of Style”, en COVACH, John y BOONE, Graemen ed., “Understanding Rock. Essays in Music Analysis”, págs. 3 y sigs., Oxford University Press, 1997.
-MACAN, Edward, “Rocking the Classics. English Progressive Rock and the Counterculture”, Oxford University Press, New York, 1997 (contiene un análisis de “Close To The Edge” en el capítulo 5 “Four Different Progressive Rock Pieces”).
-RYCENGA, Jennifer, “Tales of Change within the Sound: Form, Lyrics and Philosophy in the music of Yes”, en HOLM-HUDSON, Keith ed., “Progressive Rock Reconsidered”, pág. 143, Routledge, New York, 2001.
-VON DER HORST, Dirk, “Precarious Pleasures: Situating ‘Close to the Edge’ in Conflicting Male Desires”, en HOLM-HUDSON, Keith ed., “Progressive Rock Reconsidered”, pág. 167, Routledge, New York, 2001.

De la bibliografía referida,
“Music of Yes…” de Bill Martin -filósofo, músico y profesor de la DePaul University de Chicago- constituye el estudio más profundo y abarcativo, a la vez que audaz y controvertido, existente hasta la fecha.

Como una muestra del interesante enfoque ensayado por este autor, transcribo seguidamente dos breves fragmentos del mencionado libro, que he traducido para este artículo.

“Aunque resulta claro que, al menos en sus letras, Jon Anderson y Steve Howe, tuvieron en mente la idea de ir contra la corriente de la cultura dominante, Yes nunca ha sido identificada como una banda abiertamente antagonista.
En este punto, será de utilidad introducir brevemente algunas ideas del filósofo y teórico social Theodor Adorno, que inspiran el análisis presentado hasta aquí. Adorno argumentó que la mejor manera en la que el arte puede ser crítico es procurar ser autónomo respecto de la cultura a la que se opone. El arte explícitamente crítico tiende a estar muy implicado en esta cultura; con frecuencia, resulta nada más que una cruda imagen de espejo y, también, tiende a parecerse a la simple propaganda, perdiendo así su potencial como arte. Adorno expuso estos argumentos en un tiempo en el que tenía sentido hablar de la vanguardia en el arte. Bandas como Yes fueron, en un momento, consideradas como la vanguardia del rock. Hoy es difícil ver cómo esta categoría puede tener algún significado, para el rock o para la música en general, o aún para el arte en general. Asimismo, hemos entrado en un período en el cual la única forma de transmitir un mensaje antagonista es de un modo directo, cruel o intransigente. Esto es, en parte, lo que hace a algunos músicos punk o de rap -desde Sex Pistols hasta Public Enemy, Consolidated o Nirvana-, no sólo poderosos en sus expresiones, sino aún renovadores (...) Por lo demás, si las formas más directamente opositoras tienen realmente algún efecto es algo que está abierto a discusión. Mi opinión es que el arte en sí mismo no puede originar una revolución, aunque puede ayudar a galvanizar cierta racionalidad que podría conducir a un cambio radical sustantivo. El argumento de Adorno es que el arte verdaderamente crítico niega la cultura dominante al imaginar, de una manera autónoma, un mundo diferente, un mundo que es así instaurado. Creo que esto es lo que la música de Yes logra en sus mejores momentos.”
(“Music of Yes…”, pág. xxi).

“Por cierto, la obra de Yes no se asocia usualmente con la tragedia y la desesperación. Para sus numerosos fans, la banda es vista con una fuente de esperanza y afirmación; para sus detractores, es considerado como un puñado de hippies nostálgicos que no han aprendido la gran lección del realismo cínico. Al enfatizar los temas que pueden parecer los más desalentadores de las piezas grupales de Fragile, mi objetivo no es, en absoluto, descartar la idea de un núcleo afirmativo, incluso utópico, en lo que Yes ha logrado; busco mostrar que el cuadro es mucho más complejo y, más aún, que el utopismo de Yes tiene gran profundidad y riqueza. Únicamente una “afirmación” muy superficial sostendría que no hay lágrimas en el paraíso, que las cosas lucen mal sólo por un momento, pero que después, de alguna manera, todo resulta estar bien y, finalmente, tiene solución. Esta es la “afirmación” de lo que Herbert Marcuse denominó “cultura afirmativa”; la afirmación de la canción pop de tres minutos y las comedias televisivas, donde nada malo ocurre en realidad –a lo sumo puede haber algunos leves enredos-, y el resto del tiempo estamos en la tierra del la-la y camino a McDonald´s.
Esta cultura afirmativa es una falsa utopía, como la mayoría de la gente advierte cuando apaga la TV y se va a dormir. Si es que hay un verdadero núcleo utópico en la obra de Yes, resulta desvirtuado si se lo interpreta aplicando las categorías de la cultura afirmativa (aún cuando se trate de la categoría más reciente del New Age).”
(“Music of Yes…”, pág. 126).