miércoles, diciembre 27, 2006

10 ELEGIDOS DEL 2006 (SOUNDTRACK PROGRESIVO)
Esta vez, seleccioné algunos de los temas que me han acompañado a lo largo del año.

1. BITTOVA/VACLAVEK: "Huljet" (Bílé Inferno)
2. PASCAL COMELADE: "Sardana dels desemparats" (Espontex Sinfonia, 2006)
3. ANDRE DUCHESNE: "On est dans la merde" (Arrêter les machines, 2006)
4. FRENCH TV: "The Secret Life of Walter Riddle" (The Violence of Amateurs)
5. HATFIELD AND THE NORTH: "Absolutely Wholesome" (Hatwise Choise)
6. LAS OREJAS Y LA LENGUA : "Suricata" (Error)
7. MIRIODOR: "Polar/Film Noir" (Parade)
8. ROUGE CIEL: "Flocons de son" (Veuillez procéder)
9. UNIVERS ZERO: "Toujours plus à l´est" (Live, 2006)
10. VAN DER GRAAF GENERATOR: "La Rossa" (Still Life)

jueves, noviembre 30, 2006

“EN LA ACTITUD QUE LA MITIFICA Y LA COLOCA FUERA DEL TIEMPO, LA MUSICA CULTA MUERE,

…y se marchita el patrimonio de deseos y de esperanzas que ella, en el momento de salir a la luz, encarnaba. Resulta un pasatiempo entre tantos, una afición sólo más señorial que otras.
Nada puede salvar a la música culta del triste destino de difuminarse en praxis oscurantista y patrañera salvo el instinto de ponerla en cortocircuito con la modernidad. Debe volver a ser
idea que deviene y no consigna que se vacía en el tiempo. No hay otra manera de salvar el espacio utópico que a ella efectivamente le compete y que el sentido común intuye: su tendencia a no dejarse resolver en la inmediatez del momento del consumo y a aludir a un más allá tan enigmático como preciado. El sentido común transmite esta ocasión de rescate desde la insignificancia de lo que, simplemente, es; pero luego, enseguida, se la deja arrebatar y la asume como realidad gratuita reduciendo inmediatamente a cero su alcance innovador. La Quinta de Beethoven, e incluso el más lacrimógeno vals de Chopin, siguen mirando más allá de la mirada que les interroga. Esta es la insoslayable diversidad que llevan a cuestas. Pero si ese más allá se confecciona como fórmula y se adjunta con las entradas como amable homenaje para almas perezosas, la Quinta de Beethoven y vals de Chopin se convierten en estampitas de sí mismos y vuelven a ser mercancía absolutamente muda y alineada con la disciplina del simple ser existente. En obras como esas late una fuerza capaz de “agujerear” el velo de lo real, dando voz a la legítima pretensión de que aquello que es no lo es todo. Pero hacerlas rígidos íconos de una mitología rancia equivale a domarlas y confinarlas en el parque natural de una espiritualidad dominguera”.
(Alessandro Baricco, “El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin”, págs. 25/26, Siruela, Madrid, 1999)

sábado, octubre 28, 2006

MIENTRAS TERMINO MI RESEÑA SOBRE EL FMPM 2006, VAYAN SABOREANDO ESTE APERITIVO: SE VIENE EL ROCK IN OPPOSITION FESTIVAL 2007!!!

La realidad supera a la imaginación. Este nuevo festival -que se llevará cabo los días 13, 14 y 15 de abril de 2007 en Carmaux, Francia- reunirá, por primera vez y en un mismo evento, a todas estas bandas por demás significativas (leer para creer!): Magma; Faust; Peter Blegvad Trio (con John Greaves y Chris Cutler); Present (con dos formaciones: la usual y una “clásica”, con dos pianos y percusión); Zao; Mats/Morgan Band; Guapo y Nebelnest, entre otras.

sábado, septiembre 30, 2006

FMPM 2006: ESTUVIMOS EN EL FESTIVAL DES MUSIQUES PROGRESSIVES DE MONTRÉAL



En el mes del segundo aniversario de SIETE OCTAVOS, asistimos a la primera edición de este importante festival, que se llevó a cabo los días 15 y 16 de septiembre, en la cuna de una de las escenas progresivas más longevas y avanzadas.

Allí, tuvimos la oportunidad de ver los conciertos de Hatfield and the North (en la imagen, en una de sus primeras actuaciones luego del fallecimiento de Pip Pyle), Miriodor, Echolyn, Jérôme Langlois (ex Maneige), Kaos Moon y Karcius.

Además, presenciamos el coloquio Les pionniers de la musique progressive au Québec, en el que intervinieron André Duchesne (ex Conventum, Les Quatre Guitaristes..., Locomotive, etc.), Yves Laferrière (ex Contraction), Alain Bergeron (ex Maneige) y Tom Rivest (ex Pollen), todos ellos precursores del rock progresivo quebequense.

El festival también nos brindó la posibilidad de conocer personalmente a músicos que admiramos: Richard Sinclair (Haltfield…), Pascal Globensky y Rémi Leclerc (Miriodor), el mencionado André Duchesne y Gary Green (ex Gentle Giant, quien fue el Invitado de Honor del festival). Pudimos conversar con ellos en los intervalos del programa. Mostraron una excelente predisposición hacia nosotros, lo que permitió incluso nuevos encuentros en los días posteriores al festival.

Muy pronto, más detalles sobre este nuevo evento anual para la difusión del género.

lunes, agosto 28, 2006

PIP PYLE (1950-2006)

Ocurrió esta mañana en París, cuando retornaba a la ciudad luego de una actuación con Hatfield and the North.
Fue baterista y compositor de bandas fundamentales del Canterbury como Gong, Hatfield y National Health, entre muchas otras. Un músico completo, de maestría y sensibilidad extraordinarias y con una carrera ejemplar por su calidad inalterable. Estaba plenamente activo; sus proyectos más recientes fueron los grupos Bash y Absolute Zero.
Estoy muy triste. Traten de escuchar algo de su música en su homenaje.

sábado, agosto 26, 2006


ROUGE CIEL: MI ÚLTIMO DESCUBRIMIENTO




Lo que primero me atrajo de Rouge Ciel fue la sonoridad y la sugestión que su nombre evoca (en castellano, “rojo cielo”); luego, su refrescante música. Estoy fascinado con esta banda joven de Montréal que descubrí recientemente, alistada en la nueva camada de grupos de la musique actuelle quebequense y fiel adherente a la escena vanguardista nucleada en torno al sello Ambiances Magnétiques. Aunque sólo he escuchado su segundo CD, “Veuillez procéder” (2005) –el primero fue “Rouge Ciel” (2001)-, no puedo con mi entusiasmo por escribir estas primeras impresiones.

Hay algo de la sonoridad de su nombre en la música de Rouge Ciel. La oscuridad gutural de “rouge” y la diafanidad liberadora de “ciel”, si bien marcan sólo dos de las múltiples facetas de su estética, simbolizan muy bien las extremadamente diversas aristas que presenta su propuesta musical: el rock más crudo, la calidez de las músicas folclóricas, las asperezas y los filos de la música de cámara contemporánea, la fluidez del jazz, el contrapunto barroco, etc..

Insisto en la sonoridad. No es que el interés de “Veuillez procéder” decaiga en los aspectos melódicos o rítmicos, sino que, especialmente, salta a la vista –o a la escucha, en rigor- la búsqueda tímbrica y textural, que observo como el elemento más característico de esta obra, al que todo lo demás parecería subordinarse. No es de extrañar, en este sentido, que los temas estén jalonados aquí y allá por cuatro miniaturas improvisadas, tituladas “Bond précisionnel 1/4”, instantes de inmaculada experimentación con timbres y alturas que, a modo de recordatorio de ese componente distintivo, van apareciendo a lo largo del álbum. El par de piezas “Bois dur” (“Madera dura”) y “Bois mou” (“Madera blanda”) es, asimismo, testimonio de seductoras variaciones de contrastes e intensidades.

Y hablando de timbres, los hay y en cantidad: violines acústico, eléctrico, de cinco cuerdas y preparado; bandejas e implementos electrónicos varios; mandolina bajo; pianos acústico y preparado; teclados; guitarras acústica y eléctrica; trompeta y flugelhorn; batería y percusión. El sonido que los cuatros músicos extraen de este inusual ensamble sorprende por su “frontalidad”, su inmediatez expresiva. Logran, así, pura resonancia: cristalina, precisa, contundente.

Las referencias estilísticas en “Veuillez procéder” son incontables, se manifiestan fugazmente en cuestión de segundos, se pasan la posta unas a otras, se superponen, se fertilizan entre sí (fanfarria, en “Bois dur”; minimalismo, en “L´Occupation”; samba, en “Pour Hortense”; jazz modal y free jazz, en “Névréalité postparapsychophysiologique”, por nombrar sólo algunos de los estilos reconocibles).

Los músicos de Rouge Ciel son muy ilustrados: me refiero a que compendian un vasto conocimiento de la historia de la música y de las tradiciones de todas las épocas, y manejan este acervo escrupulosa y creativamente. La integración que obtienen es tan compacta que es difícil identificar parámetros estético-históricos en esta música; tiene una cualidad intemporal, diría. Dueños de una destreza instrumental también ilustrada, son igualmente eficaces tanto para los vehementes arrebatos rockeros (“Nostradamus l´avait prédit”, “Teuteuta”), como para los momentos más introspectivos (“Bois mou”, “Flocons de son”).

Hasta aquí llego, por ahora. Espero conseguir dentro de poco el primer CD de la banda, y su escucha quizás arroje nueva luz sobre su música. Prometo más sobre Rouge Ciel.

viernes, agosto 25, 2006

Especial Yes 3

ADORNO Y MARCUSE AYUDAN A DESMITIFICAR CIERTOS PREJUICIOS SOBRE YES

Desde sus inicios, el fenómeno del rock progresivo fue objeto de abundante análisis y crítica en los círculos periodísticos, pero no fue sino recién en la década del ´90, que el tema llamó la atención de los académicos. Así, en los últimos años se publicaron varios libros escritos por expertos de distintas disciplinas, lo que elevó notoriamente el nivel del debate sobre el género, gracias a la perspectiva desapasionada y erudita que aportan estos nuevos abordajes.

En lo que se refiere a Yes, se han editado libros dedicados en su totalidad a la banda, como:
-MARTIN, Bill, “Music of Yes. Structure and Vision in Progressive Rock”, Open Court, Chicago, 1997.
-MOSBO, Thomas J., “Yes - But What Does It Mean?. Exploring the Music of Yes”, Wyndstar, Milton, 1994.

La obra de Yes también fue examinada en capítulos específicos de libros sobre el progresivo en general. Tal el caso de:
-COVACH, John, “Progressive Rock, ‘Close to the Edge’ and Boundaries of Style”, en COVACH, John y BOONE, Graemen ed., “Understanding Rock. Essays in Music Analysis”, págs. 3 y sigs., Oxford University Press, 1997.
-MACAN, Edward, “Rocking the Classics. English Progressive Rock and the Counterculture”, Oxford University Press, New York, 1997 (contiene un análisis de “Close To The Edge” en el capítulo 5 “Four Different Progressive Rock Pieces”).
-RYCENGA, Jennifer, “Tales of Change within the Sound: Form, Lyrics and Philosophy in the music of Yes”, en HOLM-HUDSON, Keith ed., “Progressive Rock Reconsidered”, pág. 143, Routledge, New York, 2001.
-VON DER HORST, Dirk, “Precarious Pleasures: Situating ‘Close to the Edge’ in Conflicting Male Desires”, en HOLM-HUDSON, Keith ed., “Progressive Rock Reconsidered”, pág. 167, Routledge, New York, 2001.

De la bibliografía referida,
“Music of Yes…” de Bill Martin -filósofo, músico y profesor de la DePaul University de Chicago- constituye el estudio más profundo y abarcativo, a la vez que audaz y controvertido, existente hasta la fecha.

Como una muestra del interesante enfoque ensayado por este autor, transcribo seguidamente dos breves fragmentos del mencionado libro, que he traducido para este artículo.

“Aunque resulta claro que, al menos en sus letras, Jon Anderson y Steve Howe, tuvieron en mente la idea de ir contra la corriente de la cultura dominante, Yes nunca ha sido identificada como una banda abiertamente antagonista.
En este punto, será de utilidad introducir brevemente algunas ideas del filósofo y teórico social Theodor Adorno, que inspiran el análisis presentado hasta aquí. Adorno argumentó que la mejor manera en la que el arte puede ser crítico es procurar ser autónomo respecto de la cultura a la que se opone. El arte explícitamente crítico tiende a estar muy implicado en esta cultura; con frecuencia, resulta nada más que una cruda imagen de espejo y, también, tiende a parecerse a la simple propaganda, perdiendo así su potencial como arte. Adorno expuso estos argumentos en un tiempo en el que tenía sentido hablar de la vanguardia en el arte. Bandas como Yes fueron, en un momento, consideradas como la vanguardia del rock. Hoy es difícil ver cómo esta categoría puede tener algún significado, para el rock o para la música en general, o aún para el arte en general. Asimismo, hemos entrado en un período en el cual la única forma de transmitir un mensaje antagonista es de un modo directo, cruel o intransigente. Esto es, en parte, lo que hace a algunos músicos punk o de rap -desde Sex Pistols hasta Public Enemy, Consolidated o Nirvana-, no sólo poderosos en sus expresiones, sino aún renovadores (...) Por lo demás, si las formas más directamente opositoras tienen realmente algún efecto es algo que está abierto a discusión. Mi opinión es que el arte en sí mismo no puede originar una revolución, aunque puede ayudar a galvanizar cierta racionalidad que podría conducir a un cambio radical sustantivo. El argumento de Adorno es que el arte verdaderamente crítico niega la cultura dominante al imaginar, de una manera autónoma, un mundo diferente, un mundo que es así instaurado. Creo que esto es lo que la música de Yes logra en sus mejores momentos.”
(“Music of Yes…”, pág. xxi).

“Por cierto, la obra de Yes no se asocia usualmente con la tragedia y la desesperación. Para sus numerosos fans, la banda es vista con una fuente de esperanza y afirmación; para sus detractores, es considerado como un puñado de hippies nostálgicos que no han aprendido la gran lección del realismo cínico. Al enfatizar los temas que pueden parecer los más desalentadores de las piezas grupales de Fragile, mi objetivo no es, en absoluto, descartar la idea de un núcleo afirmativo, incluso utópico, en lo que Yes ha logrado; busco mostrar que el cuadro es mucho más complejo y, más aún, que el utopismo de Yes tiene gran profundidad y riqueza. Únicamente una “afirmación” muy superficial sostendría que no hay lágrimas en el paraíso, que las cosas lucen mal sólo por un momento, pero que después, de alguna manera, todo resulta estar bien y, finalmente, tiene solución. Esta es la “afirmación” de lo que Herbert Marcuse denominó “cultura afirmativa”; la afirmación de la canción pop de tres minutos y las comedias televisivas, donde nada malo ocurre en realidad –a lo sumo puede haber algunos leves enredos-, y el resto del tiempo estamos en la tierra del la-la y camino a McDonald´s.
Esta cultura afirmativa es una falsa utopía, como la mayoría de la gente advierte cuando apaga la TV y se va a dormir. Si es que hay un verdadero núcleo utópico en la obra de Yes, resulta desvirtuado si se lo interpreta aplicando las categorías de la cultura afirmativa (aún cuando se trate de la categoría más reciente del New Age).”
(“Music of Yes…”, pág. 126).


lunes, julio 31, 2006

Especial Yes 2

EL ARCO DE INFLUENCIA DE YES: ALGUNOS CASOS POCO CONOCIDOS




He comprobado que muchos fans de Yes no siempre suelen registrar lo que sucede con la obra del grupo, fuera de los estrictos confines del subgénero sinfónico.

Es, por ello, que decidí abordar, en el marco de esta serie de artículos sobre Yes, algunos ejemplos escasamente conocidos que muestran el extendido e insospechado influjo ejercido por esta banda. Creo que el interés de esos casos reside no sólo en la posibilidad que brindan de observar las distintas formas en las que esa influencia fue acogida y transformada en algo nuevo sino, también, en la virtualidad que han tenido de generar otras perspectivas desde las cuales apreciar la obra de Yes.

1. La música de Yes colma “Buffalo '66”, el film de Vincent Gallo
Esta película de culto del cine independiente norteamericano de la última década (data de 1998) cuenta en su banda de sonido con dos temas de Yes, estratégicamente ubicados en escenas centrales.
El magistral “Heart Of The Sunrise” (“Fragile”) fue elegido por
Vincent Gallo para el pico dramático de la trama. El juego de las partes instrumentales del tema con las imágenes es sencillamente perfecto; parece que Yes hubiera compuesto “Heart…” para esta escena. Sobre todo, está verdaderamente logrado el instante en el que unas voluptuosas bailarinas semidesnudas danzan (en cámara lenta) al ritmo del fabuloso solo de bajo que Chris Squire ejecuta al inicio del tema. Digno de verse!
El film cierra con “Sweetness” (“Yes”), cuando la extraña pareja protagonista (el propio Vincent Gallo y Christina Ricci) reconoce su mutuo amor, luego de una seguidilla de situaciones absurdas que atraviesan juntos a lo largo de la historia.
Como si esto fuera poco, las referencias progresivas de la película se completan con un fragmento de “Moonchild”, del primer álbum de King Crimson, también inteligentemente empleado.

2. “The Soft Bulletin”, de The Flaming Lips: un impredecible homenaje a YesEste álbum de 1999, que fuera considerado en forma unánime como uno de los mejores de la década por la misma prensa que usualmente desprecia el rock progresivo, está repleto de resonancias yesianas.
Tanto las melodías como el tratamiento sinfónico parecen extraídos de outtakes de la época de “Fragile” o “Close To The Edge”. Las líricas y su cariz sentido y espiritual también remiten a Yes. Esto se acentúa con el registro frágil y emotivo de Wayne Coyne, que recuerda la voz de Jon Anderson.
Aunque
The Flaming Lips siempre fue una banda inquieta y atrevida (“The Soft Bulletin” sucedió a “Zaireeka”, una obra experimental publicada en cuatro CDs), esta inesperada devoción por Yes nos sorprendió a todos.
Sin lugar a dudas, varias de las canciones de “The Soft Bulletin” no desentonarían en un álbum de Yes o en un trabajo solista de Anderson.

3. La segunda encarnación de 5uu´s o el otro “Yes” de los 90sCuando el genial baterista y compositor Dave Kerman reformó su antiguo grupo
5uu´s a comienzos de los 90s, el ingreso de Bob Drake (hasta ese momento, miembro de Thinking Plague) fue determinante para otorgarle a la banda una impronta yesiana.
En “Hunger Teeth” (1993) y “Crisis In Clay” (1997), la voz de Drake es tan parecida, en su timbre y su fraseo, a la de Jon Anderson que es harto difícil diferenciarlas, a un nivel que –para mi gusto- roza por momentos la parodia. Sin embargo, la inefable personalidad de Drake y su estilo peculiar hacen que deba valorárselo por sus propios méritos y no catalogarlo como un simple imitador.
Sobre la música de 5uu´s en este segundo período, leí por allí una opinión muy ilustrativa que afirmaba que así habría sonado Yes si hubiera continuado en la dirección de “Relayer”. Junto a ello habría que destacar la herencia del Rock In Opposition, muy presente en esta etapa, como lo demuestran las melodías atonales, la intensa manipulación sonora y las métricas “imposibles” que abundan en aquellos álbumes.
El resultado: un “Yes” cerebral, lacerante y turbulento, liderado por un “Anderson” aterrador y delirante por igual. Un “Yes” que, así transfigurado, fue bienvenido en Recommended Records, el sello de Chris Cutler, un crítico histórico de la vertiente sinfónica del progresivo.

4. Stereolab cita a Yes en “Caleidoscopic Gaze” (una elección natural)
Este tema del álbum “Cobra And Phases Group Play Voltaje In The Milky Night” (1999) contiene una imprevista cita de “Disillution”, la segunda parte de la suite “Starship Trooper” (“Yes Album”). Compruébenlo, a los 5:35 de “Caleidoscopic Gaze”,
Stereolab reproduce la progresión armónica y los coros de fondo de esa canción de Yes.
Este hallazgo fue muy gratificante para mí, pues siempre me habían atraído los rasgos progresivos que Stereolab adoptó, principalmente, a partir de “Emperor Tomato Ketchup” (1996); por ejemplo, la complejidad en los arreglos, los cambios rítmicos y el eclecticismo estilístico e instrumental.
Además de esta cita, son habituales en Stereolab otras referencias a Yes, como las armonías a dos y tres voces de tesituras altas, y la sección rítmica virtuosa, que emula a la dupla Squire/Bruford. Tampoco es casual que el bajista Simon Johns suela usar una remera con el logo del primer álbum de Yes (ver foto siguiente), tal como lució en los conciertos de Stereolab en Buenos Aires, allá por agosto de 2000.











viernes, junio 30, 2006

Especial Yes 1 bis
YES EN VIVO EN EL LUNA PARK EL 12 DE SEPTIEMBRE DE 1999

En el artículo anterior, hice referencia a esta
crónica.

miércoles, mayo 31, 2006

Especial Yes 1

¿SERÁ EL FINAL?: ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL “AUSENTE” PRESENTE DE YES



Quienes de tanto en tanto visitamos el sitio oficial de Yes, Yesworld, venimos advirtiendo, desde hace algún tiempo, que las novedades tratan en su mayor parte acerca de frecuentes cancelaciones y postergaciones de giras (el "More Drama Tour", el “Grand Piano Tour" de Wakeman, la gira de reunión del antiguo grupo de Squire, The Syn) y de ediciones de dudoso o muy escaso interés, por ejemplo el último CD de Conspiracy -la nueva banda de Squire- y el DVD de "9012 Live", quizás el álbum más insignificante de la prolífica carrera de Yes. Y acaban de anunciar una gira de reunión de Asia… (sin palabras).


Este panorama, como pueden apreciar, es bastante desolador y me predispone a pensar que podemos estar asistiendo a las instancias finales de la vida de nuestra venerable y querida banda. Recientemente, Wakeman tuvo que desmentir su partida de Yes, lo cual es signo de un seguro alejamiento, según enseña la “novela” de su larga y tortuosa historia. Como fuera, todo parece indicar que, superando sus integrantes los 60 años, Yes se estaría retirando de la escena con sigilo y sin prisa. Algo por demás comprensible y, diría, deseable.

Pasaron cinco años desde su última obra nueva, “Magnification” (2001), y no se vislumbra un futuro CD para el próximo año. En mi opinión, en “Magnification” ya se presentía el final de Yes, lo que se vio confirmado por las varias ediciones recopilatorias y giras “aniversario” que le siguieron. Esta sensación de estar frente a un momento terminal de la banda no era nueva: obedecía a los severos altibajos que venía mostrando su producción durante la última década, situación que “Magnification” no pudo revertir favorablemente sino todo lo contrario.

Después del marcado viraje hacia el pop que el grupo mostrara en los 80s – que dio lugar a un Yes irreconocible y preocupado por reinar en el mainstream que siempre había combatido- y de una fallida vuelta a los orígenes hacia fines de esa década –coronada por la edición del malogrado “Union” (1991) y el pomposo “Union Tour”-, Yes finalmente produjo la obra que todos esperábamos ansiosos desde “Going For The One” (1977) -con Wakeman nuevamente al mando de los teclados-, que apareció dosificada en los CDs “Keys To Ascension” (1996) y “Keys To Ascension 2” (1997).

Esto fue un verdadero milagro, considerando que la banda necesitó veinte años para generar nueva música que estuviera a la altura de su etapa más relevante durante los 70s (ese prolongado lapso –con el consecuente desgaste creativo- no alentaba mayores esperanzas sobre un progreso real y consistente). Sin embargo, recibí esta buena nueva con serias reservas acerca del futuro del grupo, porque, quiérase o no, “Keys…”, en un contexto no especialmente propicio para la continuidad, había fijado un estándar muy difícil de superar. Y es así que pensé que lo mejor que podía pasar es que Yes nos abandonara luego de este regalo inesperado.

Lo que vino luego de “Keys…” corroboró mis peores pronósticos, ya que, si bien no era predecible que su sucesor pudiera siquiera alcanzar la calidad de aquellos CDs, nada hacía presumir lo que nos depararía “Open your Eyes” (1997), un brusco y forzado golpe de timón hacia el extremo totalmente opuesto, editado –cuesta creerlo- el mismo año que “Keys… 2”!!! Parecía una broma pesada, del peor mal gusto. Una vez más, Yes se rendía a las exigencias del mercado y, merced a su complacencia, fracasaba estrepitosamente en el orden estético (Yes nunca supo moverse con comodidad en ese terreno, salvo en el caso del aislado –y arrollador- éxito pop de “Owner…” en los 80s). La ruptura con “Keys…” fue tan evidente que sus temas brillaron por su ausencia en la gira de presentación de “Open Your Eyes” (asistí a los conciertos de Pittsburgh y Buenos Aires).

Sentí, en ese momento, que Yes tenía los días contados y su final definitivo llegaría pronto. A pesar de todo, esos conciertos los mostraban enteros y saludables, tanto en desempeño instrumental como en apariencia física, aunque en la selección musical primaban unas cuantas versiones correctas de glorias del pasado en desmedro de su última producción.

Parece que la sangre joven aportada por Billy Sherwood en guitarras e Igor Khoroschev en teclados permitió prolongar la agonía y así llegaron a publicar “The Ladder” en 1999. Este CD significó una leve recuperación en términos cualitativos, con algunos momentos logrados. Sin pretensiones, la música de “The Ladder” sonaba honesta y me remitía a aquella simplicidad melódica de “The Yes Album”. Igualmente, Yes no mostraba una dirección muy clara y, menos aún, una evolución de su lenguaje.

Los recitales de la gira que los trajo nuevamente a Buenos Aires en setiembre de 1999, sirvieron para renovar los votos en la endeble mejora que exhibía la banda en su nuevo CD. Recuerdo haber publicado en aquella época una crónica muy entusiasta del concierto que ofrecieron en el Luna Park. Es que daba gusto verlos tan animados y comprometidos con su obra, en un marco visual muy austero que resaltaba la exhuberancia de la música. Además, evitaron sabiamente varios lugares comunes de su repertorio y los solos innecesarios y, a cambio, nos sorprendieron con “Awaken” (de “Going For The One”), una obra bellísima y poderosa (¿tal vez su logro máximo?) cuyas alturas jamás pudieron igualar ni Yes ni ningún otro practicante del progresivo sinfónico.

Luego de esta experiencia, deseé que bien podían cerrar dignamente su carrera de esta manera y retirarse como buenos jubilados a descansar. Pero, dueños de una terquedad a prueba de todo, continuaron hasta editar “Magnification”.

Con este CD dieron otro paso en falso. Fue el golpe de gracia. No pudieron resistir la tentación de tocar con una gran orquesta; el síndrome que suele afectar a todo grupo de rock (o de música popular en general) inconsciente de sus limitaciones, y que Yes había sabido eludir estoica y afortunadamente a lo largo de su carrera (el muy lejano “Time And A Word” de 1969 es la excepción que confirma la regla). Esta vez, la ingenuidad -¿o el afán de seguir lucrando con la “marca Yes”?- se impuso a la sensatez, y el resultado negativo fue, por supuesto, inevitable.

“Magnification”, como transparenta su título, no es más que pura grandilocuencia. Un puñado de canciones amables y pegadizas –de una escritura melódica muy pobre-, adornadas por arreglos orquestales convencionales e insulsos. Un despliegue instrumental desaprovechado. Tanto, para tan poco. La banda, por su parte, suena encorsetada, carente de inspiración. Y, para colmo, el tema más cercano –sólo en apariencia, aclaro- a las suites de los 70s, “In The Presence Of”, no es más que un palidísimo reflejo de “Awaken”.

Por lo visto, el efecto magnificador fue tal que terminó aplastando los últimos restos de la maquinaria creativa de Yes. Mal que nos pese, su “ausente” presente es su lapidario testimonio.

Bueno es, entonces, rememorar aquel “otro” presente irrepetible de Yes. Aquel “pasado” presente luminoso e iluminador que necesitamos recobrar para nuestro presente, tan vapuleado por la creciente hegemonía de las propuestas seudo-vanguardistas de los “Fest” electrónicos –verdaderas apoteosis de la diversión absurda e insensibilizante- y por la descomposición irreversible de una escena de rock mayormente estandarizada e incapaz de generar nada trascendente.

domingo, abril 09, 2006

NOVEDADES DE ESCULPIENDO MILAGROS
Norberto Cambiasso, alma mater y piloto de tormentas que ha sabido mantener viva esa idea inclaudicable (y envidiable) que ha sido y es
Esculpiendo Milagros, dará un taller sobre música experimental y arte contemporáneo que promete ser muy interesante. En su blog, pueden enterarse sobre el jugoso temario, que, en su primera parte, incluye abordajes sobre la Escuela de Viena, la “Filosofía de la Nueva Música” de Th. W. Adorno, el serialismo y la música electrónica.

Quienes hacen Esculpiendo Milagros también han lanzado recientemente un nuevo blog sobre libros,
Skoob. En su artículo de apertura “La docta ignorancia”, manifiestan, a modo de declaración de principios: “¿Un blog sobre libros? No del todo. Quien espere encontrar aquí un sustituto en español del Times Literary Supplement o de la New York Review of Books, un detalle puntual y puntilloso de las principales novedades bibliográficas, quedará sin duda desilusionado. Más bien, y como de costumbre, se trata apenas de dar rienda suelta a nuestros caprichos: algunos textos que atesoramos con cariño y a los que volvemos una y otra vez, cierta frase que nos llama la atención, un párrafo cuyo sentido se sustrae a nuestros empeños interpretativos, el paciente seguimiento de una idea a través de sus múltiples metamorfosis, la arbitrariedad del gusto combinada con el rigor del argumento. En fin, el placer de la lectura (y de la relectura), una de las ‘bellas artes’ sumida en el olvido a causa de este agitado mundo actual, cargado de un apresuramiento sin pausas ni propósito…”. Y, así, aspiran a generar “…(u)na comunidad de comunicación libre de dominación, como la denominó alguna vez cierto célebre filósofo contemporáneo. Por eso, en una última consideración, nos vemos obligados a aclarar que subjetividad no significa solipsismo. Nada nos agrada más que un buen argumento, un debate fructífero, una acotación que nos obligue a revisar nuestros propios presupuestos. De ustedes depende. Mientras tanto, pasen y vean”.

domingo, marzo 12, 2006

“Francia y Argentina improvisan” - Marmin/Durand/Courtis/Diab
Por primera vez en Buenos Aires, los músicos franceses Nicolas Marmin y Arnaud Durand y los argentinos Alan Courtis y Nicolás Diab ofrecerán un concierto juntos el próximo jueves 23 de marzo.
A la cabeza de proyectos experimentales como French Doctors y Aka_Bondage, el bajista Nicolas Marmin y el guitarrista Arnaud Durand son asiduos colaboradores del Damo Suzuki (Can), y puntuales asistentes a los más prestigiosos festivales de la vanguardia musical europea. Alan Courtis, por su parte, es integrante de Reynols, uno de los proyectos más osados de la música experimental a nivel mundial. Los más de 100 álbumes publicados con Reynols, y sus colaboraciones con músicos de la talla de Lee Ranaldo (Sonic Youth), Pauline Oliveros, Yoshimi y Yamamoto (Boredoms), Damo Suzuki y John Oswald, lo han llevado de gira por Europa, Estados Unidos y Japón. Por último, junto a los progresivos Las Orejas y La Lengua, Nicolás Diab ha editado los excelentes CDs “La Eminencia Inobjetable” y “Error” (sobre esta banda, ver abajo artículo del 28/6/05).
La cita es a las 21:00 en No Avestruz, Humboldt 1857. Entrada: $ 10.-. Reservas: 4771-1141/
hola@noavestruz.com.ar.

martes, febrero 28, 2006

Barcelona y la música: Planeta Imaginario, Pascal Comelade y Pan y Música


Este mes tuve la fortuna de visitar Barcelona (BCN, tal la sigla usada comúnmente), ciudad contrastante si las hay y de una vivacidad contagiosa. El calor de la controversia en torno al nuevo Estatuto de Cataluña ayudó a templar el gélido clima imperante, lo que me permitió disfrutar de las callecitas del Barrio Gótico y del Born, de las lúdicas extravagancias de la arquitectura modernista, del caos colorido de Las Ramblas y del Mercado de la Boquería y de la serena bohemia del barrio de Gràcia, entre otras experiencias inolvidables.

BCN tiene una larga tradición ligada a las expresiones artísticas avanzadas. Por mencionar sólo un par de hitos, la ciudad supo ser una fugaz sede del movimiento dadaísta durante la Primera Guerra Mundial, cuando Francis Picabia editó allí la revista “391” y, hoy, acoge una muy importante escena de música experimental, con Víctor Nubla a la cabeza.

Y como de música se trata, escuchando la magistral “Tenemos Roads” de National Health, rememoro el concierto de la banda progresiva barcelonesa Planeta Imaginario en un bonito bar de Cornellá del Llobregat, en las afueras de BCN. Imbuidos del espíritu del Canterbury, Planeta Imaginario se aventura en composiciones extensas y cambiantes que me remiten a las del formidable grupo de Dave Stewart, pero que, sin embargo, presentan una impronta propia. La instrumentación no es usual en el género (a un cuarteto de teclados, guitarra, bajo y batería, se le adiciona una poderosa sección de vientos, con saxos tenor y alto, trompeta y trombón) y su empleo con un claro sentido orquestal es notable. Tienen un primer CD muy prometedor titulado “¿Qué me dices?”, grabado para Margen Records (
www.margenmusic.com/sello/PlanetaImaginario/PlanetaImaginario.html), que llamó la atención del mismísimo Chris Cutler (www.rermegacorp.com/Merchant2/merchant.mvc?Screen=PROD&Product_Code=Margen&Category_Code=). Además, el último número de la Mellotron Magazine argentina publicó un elogioso comentario de este CD (www.mellotronweb.com.ar). Se los recomiendo a quienes gusten de nuestros Las Orejas y La Lengua, o de los chilenos Akinetón Retard. Marc Capel, líder y principal compositor de la banda, tuvo la amabilidad de contestar mis emails y de facilitarme las cosas para poder verlos en vivo. Nos debemos un nuevo encuentro, que espero sea pronto.
Mi estadía en BCN también coincidió con el lanzamiento de lo nuevo de Pascal Comelade, músico oriundo del Rosellón catalán y actual residente del barrio de Gràcia. Comelade es mayormente conocido por sus orquestas de instrumentos de juguete y acaba de editar “Espontex Sinfonía”, para el sello barcelonés DiscMedi. Su obra está jalonada por su relación con otros tantos músicos singulares, muy disímiles entre sí, como Lluis Llach, PJ Harvey, Pierre Bastien, Jaki Liebezeit (Can), Robert Wyatt, Jean-Hervé Peron (Faust), Richard Pinhas y el ya citado Víctor Nubla. Comelade describe su último CD como “una radiografía de mí mismo en todos los sentidos y a través de temas inéditos. Hay sardanas, boleros, habaneras, rock y la participación de músicos de todos los estilos: cobles, orquestas y muchas formaciones, con una voluntad de cohesión. Ya no soy el hijo de Satie, ni el sobrino de Nino Rota. Gracias a la gente del barrio de Gràcia de Barcelona no me he convertido en un músico de culto, europeo, intelectual elitista y exquisito. Grácia me ha salvado la vida. Tal vez no me ha ayudado a ganármela, pero sí ha conseguido que sintiera que mi trabajo era honesto. Este disco da fe de todo esto” (extraído de la nota publicada en la revista “Jaç”, Invierno 2005, Barcelona, pág. 69).

Visité, por último, a los amigos de Pan y Música, la disquería decana del rock progresivo de BCN (
www.panymusica.com), donde conseguí dos CDs imperdibles: “Bull?”, de la banda belga Cro Magnon, una especie de Univers Zero con mucho humor, y “The Violence Of Amateurs”, de French TV, unos estadounidenses lunáticos que se animaron con una versión de casi 22 minutos del clásico de Zamla Mammas Manna, “Joosan Lost/The Fate”.

sábado, enero 21, 2006

Para comenzar el año bien despiertos, nada mejor que un poco de la provocadora sabiduría de Oscar Wilde
“[…]
Gilbert: Todo arte es inmoral.
Ernest: ¿Todo arte?.
Gilbert: Sí. Pues la emoción por la emoción es el fin del arte, y la emoción por y para la acción es el fin de la vida, y de esta organización práctica de la vida que llamamos sociedad. La sociedad, que es el comienzo y la base de la moral, existe simplemente para la concentración de la energía humana, y con objeto de asegurar su propia continuidad y su sano equilibrio exige, y sin duda con perfecto derecho, a cada uno de sus ciudadanos que contribuya con cualquier trabajo productivo al acerbo común, y trabaje y pene hasta que quede hecha la tarea de la jornada. La sociedad perdona con frecuencia al criminal; pero jamás perdona al soñador. Las emociones bellas y estériles que el arte suscita en nosotros son odiosas a los ojos de la sociedad, y tan completamente se hallan dominadas las gentes por este espantoso ideal social, que de continuo las vemos acercarse a uno, con toda desfachatez, en las exposiciones particulares y demás sitios abiertos al público, para preguntarnos con voz estentórea: ‘¿Qué está usted haciendo?’, cuando ‘Qué está usted pensando?’ es la única pregunta que un ser civilizado debería permitirse hacer, y en voz queda, a otro. La intención de estas gentes honradas y radiantes es buena, no cabe duda. Y acaso ésa sea la razón de lo excesivamente aburridas que resultan. De todas maneras, alguien debería enseñarles que, mientras a juicio de la sociedad, la contemplación es el pecado más grave en que pueda incurrir un ciudadano, a juicio de la más alta cultura es la ocupación adecuada del hombre […]. Pues la acción, sea del género que sea, pertenece a la esfera de la ética. El fin del arte es simplemente el crear un estado de alma. Ahora bien, ¿será impráctico este modo de vida, como pretenden los filisteos ignaros? ¡Ah!, no es tan fácil ser impráctico como imaginan los filisteos. Desgraciadamente para Inglaterra. Pues, a decir verdad, no hay país en el mundo que tan necesitado se halle de gente impráctica. Entre nosotros, el Pensamiento se encuentra degradado por la constante asociación con la vida práctica. ¿Quién que se mueva en medio del torbellino y la violencia de la vida presente –político tronitoso, reformador apocalíptico o mísero sacerdote de espíritu angosto, cegado por los sufrimientos del insignificante sector de la comunidad donde le ha tocado vivir- podrá alardear en serio de un juicio intelectual desinteresado sobre ninguna cuestión?. Cada profesión implica un perjuicio. La necesidad de una carrera obliga a todo el mundo al partidismo. Vivimos en la época de los superatareados y los infrainstruidos; una época en que la gente trabaja tanto que acaba por volverse irremediablemente estúpida. Y la verdad –por duro que ello nos pueda parecer- es que se lo tienen bien merecido. El modo más seguro de no saber nada de la vida es el tratar de ser útil…”.

(Fragmento de “El crítico como artista - Con algunas observaciones sobre la importancia de discutirlo todo”, en “Intenciones”, págs. 98/99 y 103/104, Taurus, Madrid, 2000. La primera edición inglesa de esta obra fue publicada en mayo de 1891)

sábado, diciembre 24, 2005


10 ELEGIDOS DEL 2005

Un clásico por estos días…


Nuevas ediciones

1. MIRIODOR: “Parade + Live At NEARfest” (Cuneiform)Un desfile. Un concierto. Un aniversario. Abajo, pueden leer mi review publicada el 21/8/05.


2. ARVO PART: “Lamentate” (ECM New Series)Ultima obra orquestal del compositor estonio, Lamentate (2002) se caracteriza por sus abismales contrastes y su profunda reflexión sobre nuestra mortalidad. A través de atronadores bronces y toques percusivos inusuales, se expresan sus típicas melodías hieráticas y resonantes, mientras que un piano frágil y radiante se abre paso, aportando serenidad y un lirismo conmovedor. El CD incluye también la obra para solistas a cappella Da pacem Domine (2004), nada más semejante al más puro silencio.


3. THE CLAUDIA QUINTET: “Semi-Formal” (Cuneiform)Originalísimo cruce estilístico entre el jazz, el rock progresivo y el minimalismo, comandado por el compositor y percusionista John Hollenbeck, quien define así este álbum casi conceptual: “Semi-serious music by musicians who only take themselves semi-seriously”. Inteligente, melódica, juguetona y etérea, la música de The Claudia Quintet ha renovado por completo la escena del jazz actual.


4. VAN DER GRAFF GENERATOR: “Present” (EMI)Imprevisto y logrado regreso de VDGG, con la energía y la creatividad intactas. Desde su título, esta obra se resiste decididamente a la nostalgia, aunque me condujo directamente a gemas del pasado como Sleepwalkers (“Godbluff”, 1975) y Still Life (“Still Life”, 1976), que, junto al nuevo clásico Every Bloody Emperor, se convirtieron en parte inevitable de mi soundtrack personal del 2005.


5. WAYNE SHORTER QUARTET: “Beyond The Sound Barrier” (Verve)Estuve en el concierto que dio esta formidable banda en el Gran Rex en octubre pasado. Me encontré con una música sin red, espontánea pero no menos controlada, cerebral pero no menos incandescente. A los 72 años, Shorter está en plena forma y resuelto a evitar la comodidad que le asegura su condición de leyenda viva de la música contemporánea. Su maestría en el saxo soprano me sigue sorprendiendo y emocionando.



Reediciones/Compilaciones

6. JOHN COLTRANE: “One Down, One Up: Live At The Half Note” (Impulse!)El Half Note era el club preferido de Coltrane en New York, aquí testigo privilegiado de estos históricos conciertos que siguieron a “A Love Supreme”, en la antesala de su aventura free. 1965 fue un año de profundo quiebre estético. Luego de estas actuaciones, llegarían “Ascension” y “Meditations”, y ya nada sería igual. Arrollador.


7. GENTLE GIANT: “The Power And The Glory” - 35th Anniversary Edition (DRT)Entre lo más refinado y excéntrico del progresivo de los ´70s, Gentle Giant nunca recibió la atención mediática que merecieron entonces los practicantes del subgénero sinfónico. Con más de treinta años, la música de “The Power And The Glory” se conserva fresca e inventiva. Los increíbles juegos contrapuntísticos y la densa escritura vocal distinguen especialmente el aporte estético de esta banda inclasificable e idiosincrática.


8. MASSACRE: “Killing Time” (RéR)A comienzos de los ´80s, Fred Frith (Henry Cow, Art Bears) se estableció en los Estados Unidos y formó Massacre con Bill Laswell y Fred Maher. Con la fogosidad del punk y la libertad del jazz, “Killing Time” marcó la evolución del progresivo en aquella década y retiene hoy su potencial de novedad. Aún desafía e inquieta a los oyentes, cualidad que, a veces, cuesta encontrar en los ejemplos más recientes del género.


9. PAT METHENY/ORNETTE COLEMAN: “Song X: Twentieth Anniversary Edition” (Nonesuch)Después de dejar ECM, Metheny iniciaría su etapa más mainstream bajo el ala de la multinacional Geffen, pero no quiso hacerlo sin esta primera y experimental grabación con Coleman, como advirtiendo a los ejecutivos de su nuevo sello que no se doblegaría fácilmente a sus dictados. “The Way Up”, que publicara junto a su Group también este año -inaugurando su pase a Nonesuch-, aunque es un buen álbum, resulta inofensivo frente a este radical registro de hace 20 años.


10. ROBERT WYATT: “Theatre Royal Drury Lane, Sunday 8th September 1974” (Hannibal)“Rock Bottom” en vivo!!!... Todo dicho. Bueno, quizás deba también mencionar que, entre los músicos invitados, aparecen nada menos que Hugh Hopper, Mike Oldfield, Fred Frith, Dave Stewart, Nick Mason, Gary Windo, Julie Tippetts...

domingo, noviembre 06, 2005

Si quieren "escuchar" al reciente premio Nobel Harold Pinter,



pueden hacerlo a través de la adaptación de su obra teatral “Silence” por Michael Mantler, en el álbum homónimo que editara para WATT Works en 1977.
Los roles, aquí cantados, están a cargo de Robert Wyatt, uno de los cantantes fetiche de Mantler, como Bates (también en percusión), la imprescindible Carla Bley como Ellen (toda una revelación, capaz de pasar naturalmente de una impostación deudora del cabaret berlinés a un franco registro coloquial), y Kevin Coyne como Rumsey.
El trabajo de todos ellos es ejemplar e ilustra muy bien la típica escritura vocal declamatoria de Mantler. Desde el punto de vista dramático, su labor es igualmente eficaz, trasponiendo con convicción la infelicidad y la incomunicación que aquejan a los personajes, temas éstos recurrentes en el teatro de Pinter.
Por su parte, la música, estática y austera, subraya la atmósfera de alienación imperante y fluye sin aparente dirección. Las melodías raramente resuelven, creando una tensión permanente, y las partes repetitivas bullen aquí y allá. Dentro de la sobria instrumentación, se destaca la guitarra quejumbrosa de Chris Spedding, que acentúa el tenor dramático de los recitativos vocales.
La reedición en CD de 2000 (WATT Works/ECM Records) incluye otro álbum esencial de Mantler, “No Answer”, sobre fragmentos de “How It Is” de Samuel Beckett (WATT Works, 1974). Esta publicación conjunta no pudo ser más apropiada, si consideramos que se trata de obras que guardan semejanzas en el orden compositivo y se basan en textos que comparten la visión estética del absurdo (de hecho, Pinter siempre reconoció la influencia de Beckett en su obra).

viernes, octubre 14, 2005

“No más zumos de naranja falsos para entretenernos

Hay tristeza y vaciedad en el ambiente. En Latinoamérica. Y en Europa. Especialmente entre los jóvenes. En los mayores, desencanto y depresión. Más: Michel Mafessoli, el profeta del fenómeno de las tribus urbanas publica, en Flammarion,
La part du diable, donde se plantea la vida y un mundo inspirados en lo maldito: salvajismo, animalidad, lo funerario y macabro. ¿Exageración francesa?. Debemos saber: sólo así podemos crear, gestionar y comunicar en cultura. Aunque me ponga los pelitos blancos de mi cabeza locos: acierta con frecuencia. Un dato, como ejemplo: un millón de televidentes sintonizaron el Channel 4 británico para ver el documental sobre arte chino que incluía fotos de un artista mordiendo a un recién nacido muerto e imágenes de otros que bebían una copa de vino en la que flotaba un pene amputado. ¿Arte?. Soy contundente: ¡barbarie!.
Tal vez la última novela de Foster Vallace que acabo de leer,
La broma infinita, sea una foto menos hiriente y más de ahora, del mundo actual. Y del de la cultura en particular, donde la industria del entretenimiento ocupa casi todo el espacio, creando adicción: todo debe ser hoy consolación, soluciones cómodas y fáciles de autoayuda estúpida, sin exigir mucho. Y pagando religiosamente. Todo espectáculo.
Cuando era pequeño –recuerdo sorbiendo el zumo de naranja artificial-, me contaban que había tres enemigos mortales del alma: el mundo, el tentador y la carne. He aprendido que pueden convertirse en amigos cómplices. Pero estoy convencido de que hay tres enemigos para la cultura actual: las franquicias o el todo es igual y desactivado para la monotonía del bostezo vital, la parquetematización o
el no piense y deje que le guiemos, querido, y la diversión del entretenimiento estúpido. Este libro les planta batalla. Ésta es la industria del entretenimiento –y no de la cultura- la que en cine, televisión, literatura o artes varias lo centra todo en los beneficios económicos. Ideas y cosas, pues, planchadas: no se esfuerce, no se enfrente con su vida, con sus interrogantes, con sus puntos negros o ambiguos, deje que la soledad esencial le carcoma, que el consumo le hará feliz. Ignórelo todo, déjese distraer brevemente. Cuélguese de nosotros: compre. Y obedezca. Nada, en este tipo de diversión cuestiona certezas rutinarias de una vida personal y común –ciudadana y mundial- dócil, de tiempos de plomo, con fundamentalismos pornográficos, con desigualdades intolerables, con descontrol nuclear, con xenofobias, con contaminación mortal, con hambre y sed sin piedad. Con escasez de conciencia crítica y acción para el avance de lo humano. Con guerras atroces para el botín del petróleo. Nada dice ni aporta por unos tiempos que desprecian la vida y sólo aman al dios de las ganancias económicas sin límites. Y la diosa de las apariencias y los engaños. Tiempos difíciles. Que nos piden, a los de la cultura, un plus de conciencia, de sentido, de propuestas y apuestas con nervio. Para estar ahí. No montando otra exposición, otro concierto, otro museo, otra obra de teatro, otro festival, otro… Ya no. Es la monotonía del arte por el arte: puro escándalo, ombliguismo narciso, delito contra la ciudadanía que anda perpleja, pasiva, buscando en la tiniebla de la desorientación y el silencio. Ávida de vida y mundo mejores. Ya. Sin más plazos. Sin más distracciones. Sin más vacío. Ciudadanos vivos que no encuentran, en la gran mayoría de organizaciones de la cultura, vitalidad de horizonte para su vida y su mundo. No encuentran relámpago, chispazo, poesía, para el cada día de sus vidas.
Nada aquí tiene magia: sentido. Todo es como el zumo de naranja: insípido. Falso. Y preocupante: puede llegar a gustarme por encima del recién exprimido. Tengo un amigo que las únicas sopas que toma son las Campbell. Pobre. ¡Y es profesor de estética!. Pero mis amigos son, siempre, algo raros: lo normal me aburre”.

(Toni Puig, “Se acabó la diversión. Ideas y gestión para la cultura que crea y sostiene ciudadanía”, Capítulo 0, págs. 14/15, Paidós, Buenos Aires, 2004)

viernes, septiembre 30, 2005

Antes de que termine el mes de nuestro primer aniversario, me apuro a agradecer...

...a todos aquellos que, con su interés, generosidad e inspiración, nos acompañaron en este año inaugural de SIETE OCTAVOS. Y un gracias especial para mi editora y "mucho más", Silvie.

domingo, agosto 21, 2005


Miriodor celebra sus 25 años con un variado y colorido desfile!!!

Esta inefable banda franco-canadiense acaba de publicar su nuevo CD Parade + Live at NEARfest (Cuneiform Records), confirmando la saludable tradición a la que Miriodor nos tiene acostumbrados: brindarnos una música multifacética, cautivante, continuamente renovada y llena de humor, sorpresa e ingenio. Desde mi primera audición hace poco más de un mes, Parade se ha convertido en una bendición serena y estimulante (les confieso que no puedo evitar escuchar esta música sin esbozar una secreta sonrisa cómplice).

Hablar de Miriodor nos remonta a los días inaugurales de la escena experimental de Montréal, a principios de la década del ´80, compartida con grupos como Les Granules y Les 4 Guitaristes de l´Apocalypso-Bar, todos pioneros de la musique actuelle, tal la denominación que identifica hoy a las expresiones vanguardistas quebequenses. Influenciada por las prácticas iconoclastas de agrupaciones enroladas en el proyecto Rock In Opposition (en especial, Univers Zéro y Samla Mammas Manna), la banda perfeccionó una muy personal síntesis estilística, donde se destacan componentes de la música de cámara, los folklores centroeuropeos y las marchas circenses. Hay en Miriodor una asimilación natural de estos elementos, que confiere a su música una riquísima intertextualidad.

El producto de esta calculada –pero no por ello menos espontánea- alquimia es una música pletórica de contrastes y tensiones, rigurosamente escrita y ejecutada con una instrumentación típica de rock, a la que, por lo general, se suman vientos y cuerdas acústicas en ajustada interacción camarística. Sobresalen los cambios frecuentes y súbitos de una precisión pasmosa -y que no afectan un ápice la fluidez!-, las melodías angulares –excéntricas, encantadoras, siempre inspiradas- y los ritmos aditivos y acentuaciones inesperadas, recursos todos orientados a la creación de una música de espíritu travieso, que no deja de pendular entre la risa ingenua y la mueca siniestra.

Parade (“desfile” es su acepción más común, en inglés y en francés) es ante todo una obra madura, tan compleja en lo formal como accesible en su expresión. Ambos aspectos, en apariencia contradictorios y que son una constante del estilo de Miriodor, son aquí manipulados con absoluta maestría para generar una música irresistible por su originalidad y afabilidad. Además, parece que el vértigo y la esquizofrenia de Jongleries élastiques (1995) y la potencia y densidad de Mekano (2001) han dado lugar a una calidez y una delicadeza sin precedentes en su música.

Parade comienza con un par de piezas cortas, “Pyramide” y “Scarabée”, muy ocurrentes y festivas. Bastan para apreciar que Miriodor ha llevado su escritura contrapuntística a un nuevo grado de sofisticación. Las melodías, sinuosas, están ensambladas por superposición de diferentes líneas instrumentales a la manera stravinskiana y, con todo, el conjunto sale airoso sin perder la coherencia ni la frescura. Percibir las densas polifonías y los ocasionales unísonos –fugaces y, a veces, tímbricamente indiscernibles- entre las distintas líneas, así como las sutiles disonancias que se originan en esas intrincadas texturas, se torna un ejercicio arduo pero por demás placentero. Sin dudas, en Parade el contrapunto es un principio constructivo central, siendo menor la incidencia de armonías acórdicas o basadas en ostinatos o continuos.

En esta obra, Miriodor utiliza un enfoque orquestal en el tratamiento de los timbres y hace prevalecer los sonidos orgánicos y, sobre todo, acústicos. No obstante, hay todavía suficiente espacio para la bizarría electrónica en la improvisada “Checkpoint Charlie” y en la lúdica “Préparatifs de vacances”, y para las furiosas descargas eléctricas en “Boîte à rebuts”. A los habituales violín y saxos, se adicionan aquí piano, fagot y acordeón a cargo, nada menos, que de Lars Hollmer (de Samla Mammas Manna), un invitado “natural” que interviene en tres temas (“Talrika”, de su autoría, y “Forêt dense” y “Bonsaï givré”, compuestos en conjunto con Miriodor).

Además de un inventivo empleo de la instrumentación que explota todo su potencial colorístico, la variedad de climas y estados de ánimo transitados es sorprendente. Encontramos en Parade desde miniaturas que no llegan al minuto o que apenas lo superan (“Caramba!”, “Tartine”) hasta piezas más extensas con distintas secciones (como “Uppsala”, “Polar” y las compuestas con Hollmer). “Polar” se cuenta entre las músicas más misteriosas que Miriodor haya creado jamás, comenzando con unas despojadas melodías, exquisitamente disonantes, y desarrollando luego un calmo crescendo hasta estallar majestuosamente en un clímax ominoso digno del cine negro (“Film Noir” es el título alternativo de este tema). Otra pieza fascinante es la minimalista “Contrées liquides”, que se inicia con unos acordes sublimes en el piano –recuerdan al Satie más meditativo- y que pronto, al ser desplazados por las melodías principales, se empiezan a extrañar de tan perfectos y sugestivos que sonaban por sí solos. También están las pinturas cuasi-impresionistas como la citada “Bonsaï givré”, los “retratos” como el caleidoscópico “Le cruciverbiste” y las infaltables “personificaciones” musicales de las ya mencionadas “Scarabée” (¿un escarabajo asustado en rauda fuga?) y “Boîte à rebuts” (¿la rebelión de los tachos de basura?).

Como si esto fuera poco, Parade viene acompañado de un bonus CD que contiene el concierto completo que Miriodor ofreciera en el festival NEARfest 2002. Es un verdadero deleite escucharlos en vivo ejecutar prolijamente los rebuscados arreglos de sus temas y recrear todo su encanto y energía. Esta grabación otorga también una oportunidad única para adentrarse en su obra pasada, ya que incluye versiones de casi la totalidad de Mekano y de dos piezas emblemáticas de Jongleries élastiques (“Igor, l´ours à moto” y “Mme X”). En fin, un complemento ideal para Parade, que hace las veces de la última carroza de este peculiar desfile, cuya aparición el público festeja entusiasmado y agradecido.

Links

-Sitio oficial de Miriodor
http://www.miriodor.com/
-Página de Miriodor en el sitio de Cuneiform Records http://www.cuneiformrecords.com/bandshtml/miriodor.html

domingo, julio 31, 2005

“Efecto Beethoven”: recomendación (y algunas reservas)
En su nuevo libro “Efecto Beethoven” (Paidós, 2004), subtitulado “Complejidad y valor en la música de tradición popular”, el crítico Diego Fisherman se explaya sobre la “música popular para ser escuchada”, según la había definido en una obra anterior, “La música del siglo XX” (Paidós, 1998).
Bajo esta categoría, donde conviven pacíficamente artistas tan diversos como John Coltrane, Caetano Veloso y Astor Piazzola, Fisherman reúne expresiones de la música usualmente conocida como “popular” (por oposición a la “clásica”) dignas de una escucha atenta y comprometida intelectual y emocionalmente, a las que identifica como aquéllas que superaron sus funcionalidades extra-musicales originarias (baile, entretenimiento, etc.) y evolucionaron hacia lenguajes más abstractos, alcanzando un alto grado de sofisticación formal y profundidad expresiva.
Se trata de un planteo no tan novedoso como bien articulado y sustentado, además de sumamente seductor para melómanos “omnívoros”, como quien escribe. Es asimismo un planteo riesgoso, en tanto llega a englobar casos como los de Sinatra y Serrat (por mencionar dos artistas incluidos en la portada del libro basada en el famoso arte de tapa de “Sergeant Pepper´s”), en mi opinión dudosamente equiparables con ejemplos como Ella Fitzgerald o Jacques Brel (ver capítulo 15 “Voces”). Con todo, el enfoque de Fisherman exhibe un conocimiento muy parejo de los distintos estilos considerados y destila pasión por su objeto de estudio, lo cual es por cierto bienvenido.
Es, en este marco conceptual, que aquél encuadra a las variantes del rock progresivo, a las que dedica nada menos que dos capítulos del libro. El mero hecho de que se brinde atención al género fuera del reducido círculo de sus adherentes y divulgadores especializados -y a través de un libro de difusión masiva y en nuestro idioma-, es de por sí todo un acontecimiento para celebrar. Más aún, al ubicarlo en el cuadro general de las expresiones valiosas de la música contemporánea, pone las cosas en su lugar: el lugar de trascendencia que normalmente se le ha retaceado.
En el capítulo 11 titulado “Roll over Beethoven”, Fisherman aborda el fenómeno de la “ampliación del universo estético del rock” (p. 94), con referencias a The Beatles, Hendrix, Led Zeppelín y King Crimson entre otros, para detenerse hacia el final en el rock sinfónico, donde incluye a Emerson, Lake & Palmer y a Yes (p. 97).
Aunque no deja de reconocer los méritos de estos últimos, ante todo enfatiza sus debilidades aplicando lo que yo llamaría “el bisturí de la música clásica”. De esta manera, la obra de estas bandas queda injustamente maltrecha, a raíz de una operación comparativa que no resiste (como no resistiría buena parte de la música considerada en este libro) pero que tampoco merece. Pienso que juzgar la música de estos grupos (y el rock progresivo en general) desde la óptica de la música de tradición académica es tan erróneo como hacerlo desde la ortodoxia rockera. Por un lado, porque no pertenece en sentido estricto a ninguno de estos ámbitos y, por otro, por cuanto tanto las motivaciones y los procedimientos de sus creadores como el resultado estético buscado exigen una plataforma de análisis que contemple de modo adecuado la experimentación estilística involucrada. Después de todo, el atractivo y el valor que ostentan en gran medida las músicas estudiadas por Fisherman reside precisamente en su relación ambigua con el universo de la llamada música clásica.
En este capítulo, encontramos también un tratamiento de la música de Yes, que se centra mayormente en el cambio de integrantes a lo largo de su carrera y en la duración de sus canciones más que en la valoración de su estructura y contenido temático y lírico. Resulta llamativo que esta clase de análisis sólo se aprecie cuando Fisherman examina una obra menor como “Mood For A Day”, el instrumental de Steve Howe, que no es verdaderamente representativa de la producción de la banda. Si bien este ejemplo es funcional a sus propósitos críticos, deja traslucir una falta de atención hacia aspectos más relevantes (y rescatables) de la obra yesiana, que ponen de manifiesto las cualidades que justifican su inclusión dentro de las expresiones abordadas por Fisherman.
En este orden de ideas, creo que vale la pena poner de resalto que Yes es uno de los grupos del género que, de manera más consistente –y exitosa diría-, exploró formas expansivas de canción, pero no a la manera de una excursión psicodélica o mediante el empleo caprichoso de interludios o solos, sino a través de una cuidadosa adaptación de modelos estructurales clásicos (sonata, sinfonía, etc.). Lo mejor de su música muestra un claro sentido de la economía formal, una utilización discreta del virtuosismo y un manejo orquestal de timbres y texturas. De este modo, Yes aplica recursos tomados de la tradición académica, pero su articulación resulta en general consistente y funciona a un nivel estructural, distando de un trasplante impostado, frívolo o meramente ornamental como el que puede observarse en cierta música de ELP o Deep Purple (Fisherman coincide en este punto -ver p. 96-).
En el capítulo 12 “En la corte progresiva”, Fisherman continúa el estudio de las expresiones del género. Aquí, su exposición crítica se cuenta entre las mejores que he leído en castellano sobre el tema. Especialmente valiosa es la parte dedicada a Gentle Giant, donde el análisis alcanza su mayor profundidad y acierto (p. 108).
Desde el título del capítulo, salta a la vista la intención de distinguir el “rock progresivo” del “rock sinfónico”, haciéndose el primero acreedor de una consideración más favorable por entenderse que sus “producciones fueron particularmente logradas” (p. 103). Para Fisherman, los “progresivos” serían Pink Floyd, Jethro Tull, Frank Zappa, King Crimson, Genesis y el mencionado Gentle Giant (en mi opinión, el “rock sinfónico” sería en rigor un subgénero, entre otros, dentro del género “rock progresivo”, por los motivos que explico en
http://www.queeselrockprog.com.ar.
Advierto ciertas inconsistencias en la distinción que efectúa Fisherman entre “progresivos” y “sinfónicos”.
Me sorprende la valoración positiva que éste despliega de la música de Jethro Tull, destacando aspectos en los que no había reparado en los casos de ELP o Yes. No veo por qué una pieza como “Bourée” tendría un valor artístico superador del simple “coqueteo con la música clásica” propio de muchas de las versiones de ELP (p. 97), ni por qué la “utilización sumamente rica del procedimiento de variación de motivos y temas recurrentes” (p. 104) sería más lograda que en las obras de Yes.
Por otra parte, dudo de que el “mote adorniano de ‘progresivos’” (p. 103) sea predicable de Pink Floyd o Genesis y que no lo sea de los “sinfónicos”. Sobre Pink Floyd, coincido con Fisherman en lo relativo a la importancia de la experimentación tímbrica en su producción, pero lo cierto es que esta banda raramente superó los confines de la psicodelia y nunca alcanzó el grado de maestría instrumental y compositiva que se observa en otros grupos del género. En cuanto a Genesis, ha sido por lo general más conservador en términos armónicos y rítmicos que Yes y ELP. Por último, demás está decir que, al igual que en la “enciclopedia del ‘rock sinfónico’” (p. 99), en la consultada por estas bandas “progresivas” tampoco estaban Pierre Boulez, György Ligeti ni Luciano Berio.
Más allá de las disidencias planteadas, la lectura de “Efecto Beethoven” me parece una instancia de reflexión necesaria para quienes les interese el rock progresivo, que puede profundizarse a través de la consulta de los libros sobre el género incluidos en la bibliografía, escritos por el musicólogo Edward Macan y el filósofo Bill Martin.